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9 de diciembre de 2015

[Libros] Sputnik, mi amor – Haruki Murakami (1999)

Los que me seguís a menudo ya sabéis que mantengo una relación ambigua con Murakami: es un autor que en general me gusta, que me encanta cómo escribe, y que en general leo con agrado… pero que al mismo tiempo no puedo evitar ver como un poco falso, impostado, el hábil escritor que ha encontrado un estilo que vende y lo explota…
Bueno, sea como sea, hacía tiempo que no leía nada suyo (a Murakami conviene dosificarlo o te empacha, desde mi punto de vista) y hace poco decidí volver a él con esta novela corta. Abajo os cuento qué tal me ha ido en este reencuentro.

Sinopsis:
Perdidos en la inmensa metrópoli de Tokio, tres personas se buscan desesperadamente intentando romper el eterno viaje circular de la soledad; un viaje parecido al del satélite ruso Sputnik, donde la perra Laika giraba alrededor de la Tierra y dirigía su atónita mirada hacia el espacio infinito. El narrador, un joven profesor de primaria, está enamorado de Sumire, a quien conoció en la universidad. Pero Sumire tiene una única obsesión: ser novelista; además se considera la última rebelde, viste como un muchacho, fuma como un carretero y rechaza toda convención moral. Un buen día, Sumire conoce a Myû en una boda, una mujer casada de mediana edad tan hermosa como enigmática, y se enamora apasionadamente de ella. Myû contrata a Sumire como secretaria y juntas emprenden un viaje de negocios por Europa que tendrá un enigmático final.

Opinión personal: Un Murakami moderado… y algo menor
Os confieso que no me ha entusiasmado especialmente mi reencuentro con este autor. Quizás no era el momento, o quizás el libro sea inferior a los anteriores que he leído suyos, o quizás ya le conocía demasiado… o más probablemente haya habido un poco de todo.

Ésta es una novela de amor y soledad. Dos elementos prácticamente constantes en los relatos de este autor japonés, pero que aquí representan el núcleo del libro.

Tenemos al narrador, el hombre sin nombre, al que sólo conocemos por su inicial: K. ¿Por qué? Quién sabe, con Murakami uno acaba por no preguntarse por qué sus historias son como son: son así, y punto. En fin, este K. es el típico personaje masculino murakamiesco: un treintañero solitario, quizás algo introvertido, que se enamora de una muchacha en una relación que siempre termina siendo problemática por una u otra razón. En este caso, simplemente porque no es correspondido.

La muchacha es Sumire, una chica extraña, “rarita”, una chica que se siente en cierto modo ajena al resto de la sociedad, y que está obsesionada con ser escritora… aunque parece no tener las más mínimas aptitudes para ello. Alguien que, además, nunca ha experimentado el amor ni el deseo sexual, sentimientos que le resultan ajenos, extraños. No obstante, sí es capaz de sentir un gran afecto hacia K. cuando lo conoce, terminando por ser amigos casi inseparables.

Hasta que Myû entra en escena. Una mujer madura elegante y “de mundo” a la que Sumire conoce por casualidad en una boda y que le causa una extraña fascinación… que luego interpreta como enamoramiento. Sumire se enamora de Myû, y hasta descubre por primera vez el deseo sexual, aunque sea dirigido hacia esta mujer, que, al igual que le ocurre a ella con K., sólo puede sentir hacia Sumire un afecto casi maternal.

En realidad, éste es, creo yo, el núcleo del libro: los amores cruzados no correspondidos, y la soledad y frustración que provocan. De ahí, de hecho, procede el título, como nos deja claro el autor en dos o tres ocasiones a lo largo del texto: las vidas y sentimientos de nuestros tres protagonistas se cruzan como satélites en la órbita terrestre, acercándose hasta juntarse pero condenados a separarse de nuevo y no volver a encontrarse. Una curiosa metáfora tecnológica para las relaciones amorosas no correspondidas, ¿verdad?

En fin, dicho así el libro no parece tener mucho… y no lo tiene. Creo que por eso me ha decepcionado un poco. Lógicamente, este núcleo argumental se rellena con pequeñas historias y anécdotas, y con algunos elementos surrealistas típicos del autor; aunque con respecto a esto último debo decir que Murakami en esta obra está muy comedido, y la parte surrealista queda bastante limitada en el tiempo y en el espacio, limitándose a una extraña experiencia semionírica de Sumire, y a una extraña música oída en una determinada ocasión por K. Nada, en comparación con algunos de sus otros libros.

Aparte de estos pequeños elementos surrealistas, sí hay un importante acontecimiento que, sin llegar a serlo, se escapa de la normalidad: la extraña desaparición de Sumire. Tranquilos, no es un spoiler, es algo que aparece en casi todas las sinopsis, y supone en cierto modo el comienzo del libro, tras unos capítulos a modo de presentación de los personajes. Sumire desaparece como comida por la tierra mientras veranea en Grecia con Myû, quien se pone en contacto con K. para que le ayude a buscarla. Pero no esperéis una gran trama ni intriga, porque no las hay.

Eso es todo lo que puedo contar del libro, porque, en el fondo, no hay más. Al contrario que con otros de sus títulos, en éste no he conseguido sentirme del todo involucrado con los personajes, aunque eso puede haber sido algo personal, por haberlo cogido “en un mal momento”. Se mantiene, como siempre, la agradable prosa del autor, que hace atractiva la lectura de cualquiera de sus obras independientemente del argumento de fondo. Pero debo decir que el libro me ha resultado algo falto de esencia, y no lo he disfrutado como esperaba. Quizás, también, es que su estilo me resulta ya algo repetitivo, después de varias obras suyas leídas… puede ser…

Por lo demás, y a modo de curiosidad para los que hayáis leído mi entrada sobre Murakami y “sus neuras”, señalar que aquí se repiten de nuevo la mayor parte de ellas: la soledad, los personajes “raritos”, los gatos, la música, el amor y el sexo… casi todos los elementos típicamente murakamianos aparecen en mayor o menor medida también en “Sputnik, mi amor”. Sólo me han fallado esta vez los calvos y la muerte. Quién sabe, quizás en la próxima…

Nota final al margen: Cuando los redactores de las editoriales se ponen líricos, a menudo la cagan… En la sinopsis que acompaña al libro se menciona a la perra Laika, que ni aparece en la obra de Murakami, ni viajó a bordo del Sputnik. Bien, se puede decir que lo hizo a bordo del “Sputnik 2”… pero cuando se habla del Sputnik, uno se refiere al Sputnik, el primero, el “verdadero”, la pequeña bola de metal pulido que emitía su bip-bip y a la que sí hace referencia Murakami tanto por su nombre como por su forma. En fin… 

26 de octubre de 2015

[Libros] Confieso que he vivido – Pablo Neruda (1974)

He leído este libro en dos ocasiones; la primera, de muy joven (supongo que con unos 17 años, más o menos), y me encantó. La segunda, por curiosidad, porque me quedó grabado como un libro magnífico y quería recordar por qué, casi tres décadas después. El resultado de la segunda lectura fue mucho menos intenso… pero aún así, creo que es un libro interesante.

Sinopsis:
Son las Memorias escritas en prosa del propio Neruda. Se publican en 1974, y en ellas se aprecian tanto las experiencias vitales del poeta como su obra literaria. Estas memorias son, por tanto, un material indispensable para entender y profundizar en su poesía. La obra se divide en doce cuadernos y cada uno, se refiere a importantes momentos de la vida del poeta. También se describe su evolución poética y política, y además aparecen los temas más queridos por el poeta: su país, su pueblo, la lucha por el socialismo, su vocación de intelectual acorde con la clase por la que lucha...

Crítica personal:
“Confieso que he vivido” son las memorias del poeta chileno Pablo Neruda escritas con una maravillosa prosa que mezcla desgarrado realismo con fragmentos puramente poéticos. Y es una buena elección la del vocablo “memorias” y no “biografía”, porque lo que tenemos en este libro es una colección de vivencias, de anécdotas y pensamientos de su autor que tienen poco que ver con una biografía convencional. De hecho, es difícil hacerse una idea clara de la vida de este premio nobel de literatura sin recurrir a otros medios: he tenido que acudir a la wikipedia para saber, por ejemplo, que se casó tres veces o que tuvo un hijo con hidrocefalia que murió a los ocho años de edad. Es curioso cómo un poeta, una persona cuya obra se basa en los sentimientos, muestra tan poco de sí mismo en sus memorias: no hay apenas referencias a su familia, se menciona al final muy de pasada que se puso el pseudónimo de Pablo Neruda para que su padre no supiera que escribía ya que no quería que fuese poeta, pero es la única brevísima mención a los posibles problemas que pudo tener por esta causa en su niñez; se menciona que fue a la universidad, pero no aparece qué carrera estudió o cómo financió sus estudios viniendo de una familia humilde; su primera mujer ni siquiera es mencionada, el nombre de la segunda no aparece más de un par de veces y de pasada, y sólo el nombre de la tercera se menciona en cuatro o cinco ocasiones como mera acompañante en diversos acontecimientos de su vida; ni una mención a su hijo enfermo, ni siquiera al hecho de haber tenido un hijo… Son sólo unos ejemplos de lo que este libro no es, es decir, una biografía del poeta.

Por el contrario, el libro es más bien un relato de hechos y vivencias, unos de más interés que otros cuando se leen hoy en día, pero que se lee a nivel global de forma amena y con interés. En el libro encontraremos poéticas descripciones de la araucanía chilena o de los exóticos paisajes por los que fue pasando en su viajera vida (India, Camboya, México…) mezclados con retratos personales de decenas de grandes personajes de la literatura, el arte y la política. A lo largo de las páginas del libro desfilan nombres como César Vallejo, García Márquez, García Lorca, Alberti, Miguel Hernández, Picasso, Ilya Ehrenburg, Paul Valery, Éluard, Aragón… Stalin, Mao Tsé Tung, Castro, Che Gevara, Allende… y decenas y decenas de grandes personajes del siglo XX. De ellos conoceremos anécdotas y las impresiones personales del autor, desde elogios hasta ácidas críticas en algún caso.

En el libro aparece también brevemente, especialmente en su parte final, la política. Procedente de una clase humilde, de espíritu progresista y siempre unido al pueblo, Neruda cayó enamorado de la gran revolución obrera de la primera mitad del siglo XX, el comunismo. Por su afiliación fue perseguido y obligado a vivir en la clandestinidad y finalmente en el exilio, desde donde seguiría prestando su apoyo a nivel internacional al movimiento obrero a través de su poesía. Aunque algo desencantado por la evolución personalista y dictatorial que esta ideología tomaría con el tiempo tanto en la URSS como en China, Neruda fue un gran defensor de la ideología izquierdista durante los momentos más álgidos de la Guerra Fría, y su fama como poeta de izquierdas le llevaría a conocer de primera mano a algunos de los grandes dirigentes comunistas a nivel mundial.

Leído en la actualidad y quizás también por el hecho de ser un lector español, la parte más emocionante del libro es la dedicada a la guerra civil española. Sin apenas detalles, con poco más que el sentimiento que se desprende de las palabras de Neruda al hablar del asesinato de García Lorca, la vida en el Madrid sitiado, la admiración hacia los milicianos en alpargatas y hambrientos que defendían con su vida las obras de arte del palacio de la duquesa de Alba, o el desprecio hacia las bandas de delincuentes disfrazados de anarquistas que imponían su ley y daban “paseos”, le dan a esa parte una emoción especial. Emoción que se convierte en rabia compartida con la del autor cuando se muestra el rechazo de los países “democráticos” hacia los miles de refugiados republicanos que cruzaban desesperados las fronteras con el fin de la guerra civil. En esta y otras ocasiones a lo largo del libro, Neruda no se muerde la lengua para contar cómo el mismo presidente chileno que le había encomendado organizar la evacuación desde Francia de miles de estos refugiados hacia Chile, se hacía el loco días después cuando todo estaba listo para el traslado, ante las presiones recibidas para no acoger a quienes se habían convertido en parias sin patria hacinados en campos de concentración en suelo galo. Una historia que se repite siempre (¿no os recuerda a los refugiados sirios?), y que conviene recordar que nos puede pasar a todos, como ocurrió en el 39.


Y corto aquí ya porque estoy extendiéndome demasiado. Resumiendo, “Confieso que he vivido” me parece un libro bastante recomendable, algo irregular quizás en cuanto a interés a lo largo de su texto, pero sin llegar a caer en el aburrimiento en ningún momento, mezclado con fragmentos que se leen con avidez. Esta ha sido mi segunda lectura; la primera fue en mi juventud, probablemente con 16 ó 17 años, y me encantó. En esta relectura, no ha llegado ni de lejos a la imagen que tenía de él en mi memoria, pero no me arrepiento de haberlo leído. Y en cualquier caso, tanto en una lectura como en otra he terminado con la misma inquietud: con las ganas de leerme algunos de los libros de poesía de este chileno universal, reconocido como uno de los más grandes poetas contemporáneos a nivel mundial, a pesar de que no he sido nunca un amante de este género literario.

30 de noviembre de 2014

[Libros] Matar un ruiseñor – Harper Lee (1960)

Éste es uno de esos clásicos contemporáneos norteamericanos que probablemente es más conocido por su versión cinematográfica (otro clásico, esta vez del cine) que por sus orígenes literarios. Debo reconocer que ése era mi caso, aunque en el fondo tampoco estoy seguro de haber llegado a ver la película (quizás en mi infancia… aunque por ahí tengo una copia pendiente de caer en alguna tarde lluviosa de domingo). Bueno, el caso es que empecé el libro por curiosidad, por descubrir un clásico. Y ha sido un descubrimiento agradable.

Sinopsis:
Matar un ruiseñor (To Kill a Mockingbird, 1960), la única novela que escribió Nelle Harper Lee y que le valió el Pulitzer de 1961, sigue siendo hoy en día, a los cincuenta años de su aparición, una de las novelas norteamericanas más populares y apreciadas. Basada, al parecer, en recuerdos de infancia de la propia autora, puestos en la voz de la narradora y protagonista Jean Louise Finch, alias Scout, su historia de aprendizaje, educación y comprensión hacia los demás, hacia los que no son como nosotros, dentro de una comunidad donde aún imperan los prejuicios raciales y el miedo a lo diferente, ha sido siempre puesta como modelo de lectura a compartir entre grandes y pequeños, como ejemplo de una literatura que puede entretener a los más jóvenes y, a la vez, mostrarles ciertos valores.

Crítica: Agradable lectura moral

Antes de empezarlo, yo ya sabía más o menos de qué iba el libro, aunque luego he descubierto que sólo conocía su parte central. Yo esperaba una historia de tribunales, con un negro como acusado en un estado del sur en la época de la segregación racial, y un abogado que intenta demostrar su inocencia en contra de los prejuicios de toda la sociedad. Bien, sí, ésa es una parte importante del libro… pero no toda.

Lo que no sabía es que el libro ocupa su primera mitad con historias infantiles, las de los dos hijos del abogado, que juegan en la calle durante los largos y cálidos veranos de Alabama, que exploran y fantasean sobre algunos de sus vecinos, y que, en fin, pasan el tiempo como lo hacen los niños. Hay que llegar casi a la mitad del libro para que arranque la trama judicial, y en realidad ésta dura muy poco, aunque sus ecos se mantendrán ya hasta el final de la novela.

Matar un ruiseñor es un libro de denuncia social y de debate ético, y también un libro con un claro espíritu educativo, un texto en ese sentido quizás algo ingenuo, por su ánimo constante de evidenciar las diferencias entre el bien y el mal, de guiar al lector en una dirección más que evidente. Dado que el mensaje es claramente progresista, no es que me haya molestado, en absoluto… pero su falta de sutileza es tan palmaria que el resultado resulta un poquito infantil. En este sentido, creo que se trata de una novela más bien juvenil, que resulta algo simplona (aunque agradable) para un lector adulto y acostumbrado a dramas más complejos.

El texto nos presenta a un personaje central, el padre de los niños, que representa al hombre justo, ético, íntegro e incorruptible, y a la vez humilde y comprensivo incluso con los que son todo lo opuesto a él. Atticus Finch es prácticamente un santo, en esta exagerada y simplificada dicotomía que hace la autora para simplificar su mensaje. Al otro lado, una sociedad variopinta, compuesta de buenos vecinos y algunas malas personas, pero todos ellos con un importante punto en común: los prejuicios. La novela se encarga de hacernos ver cómo incluso unos buenos vecinos pueden llegar a condenar a un hombre manifiestamente inocente llevados únicamente por ese elemento común que les es imposible superar, que los ciega.

Los niños protagonistas, que gracias a su corta edad aún no han sido contaminados por estos prejuicios, son los únicos (junto al perfectísimo Atticus Finch) capaces de contemplar a sus vecinos con objetividad. La autora nos presenta así a la típica sociedad sureña de los años 30: una sociedad conservadora, chapada a la antigua, y repleta de prejuicios raciales y sociales en general. Buenas gentes que en un momento dado quedan cegadas por ese elemento irracional que reside en ellas. Aunque, en el fondo, la mayor parte de todos ellos no son más que gente corriente y sin maldad, como cualquiera de nosotros.

En resumen, un libro agradable de leer y supongo que recomendable para jóvenes, pero que a mí me ha resultado algo “inocentón”. Demasiado simplista, aunque se agradezcan sus buenas intenciones. Es probable que le pesen algo los años, aunque tampoco es tan viejo… Un detalle que le hace parecer quizás más viejuno de lo que es, es su traducción (al menos la versión que yo he leído): no sabría decir si es un defecto de dicha traducción, o si la autora escribió el original de esta forma y estamos ante una traducción fiel en ese sentido, pero lo cierto es que el texto utiliza un lenguaje algo arcaico, un castellano en desuso que puede hacerlo complicado de seguir principalmente por aquellos a los que creo que más podría agradar su lectura: los más jóvenes.

Salvo por ese detalle, diría que es un libro adecuado para preadolescentes, aunque no desagrada su lectura siendo ya adulto. Al menos, permite conocer y opinar sobre un clásico de nuestro tiempo.

20 de junio de 2014

[Libros] Si te dicen que caí – Juan Marsé (1973)

Uno de los clásicos contemporáneos de la literatura española. Tras leerlo, comprendo que figure dentro de este selecto grupo: su calidad es innegable. Pero su complejidad, también. No es un libro fácil. Pero merece la pena leerse.

Sinopsis:
Escrita a finales de los años sesenta y prohibida por la censura, Si te dicen que caí constituye una secreta y nostálgica despedida de la infancia, así como un cuadro a la vez sórdido y poético de la vida durante el franquismo. Se trata además de una de las novelas más personales del autor, pues, según el propio Marsé, al escribirla solo pensaba en los anónimos vecinos de un barrio pobre que no existe en Barcelona, en los furiosos muchachos que compartieron con él las calles leprosas y los juegos atroces, el miedo, el hambre y el frío, en su propia infancia y adolescencia.

Crítica personal: Retrato de la podredumbre de la postguerra
Si te dicen que caí es una novela compleja, difícil de leer, difícil de seguir y de entender. Su estilo, que calificaría de “faulkneriano”, por su semejanza en cuanto a estructura con la compleja obra del norteamericano, no hace ninguna concesión al lector, todo lo contrario: el esfuerzo requerido para poder seguir medianamente el texto es más que considerable. Personalmente debo reconocer que no he llegado a entender la totalidad del libro, que una vez terminado sigo perdido en relación a numerosos detalles de la trama; de hecho, creo que es un libro que requiere de al menos dos lecturas: estoy seguro de que en la segunda se entenderán mejor muchos detalles de una historia que se va desenredando poco a poco hacia el final del libro (sin llegar a hacerlo por completo), de forma que la relectura resultará seguramente mucho más reveladora. Pero en el fondo no importa, creo yo: para mí, la trama es en realidad lo de menos. Lo realmente valioso de este libro es el vívido retrato de una sociedad y de una época. Los años del hambre. Los años del miedo. Años de miseria, hambre, frío, resentimiento, abusos de poder y sometimiento. La oscura postguerra española.

Juan Marsé vuelca en el texto los recuerdos de su infancia, que vivió como uno de los niños protagonistas de su obra: un niño de la calle, sucio y hambriento, jugando por las esquinas de las calles embarradas, por los descampados aún repletos de munición olvidada, con lo único que tenían: su imaginación. “Es una novela, hasta cierto punto, autobiográfica, porque todo lo que tiene que ver con mi infancia está en ella”, cuenta el autor en una entrevista que enlazo al final de esta reseña.

El texto aparece salpicado de historias en apariencia inconexas, siendo a veces más bien una recopilación de las miserias personales de cada uno, de diferentes anécdotas o de instantáneas cotidianas de la vida de aquellos días. El día a día de los verdaderos perdedores de la guerra: el pueblo llano. Una historia de la miseria en un barrio de las afueras de Barcelona en los años 40. Niños harapientos, con sarna y fantaseando con un bocadillo… jóvenes metidas a putas para comer o por pura desesperanza… familias con alguno de sus miembros en la cárcel o escondido en un zulo para evitar acabar en ella… excombatientes republicanos convertidos poco a poco en meros delincuentes comunes… y por encima, vigilando a todos, los nuevos amos.

Las tramas se cruzan, así como las épocas: algunos de esos niños de la calle recuerdan, años después, lo que ocurrió. Pero no sólo sus memorias mezclan realidad y fantasía, hechos y rumores, sino que ni siquiera tenemos muy claro quién es quién: no se presenta a los personajes, y quienes de niños sólo se conocen por sus apodos (el Tetas, el Amén, Java o Sarnita) se convierten, sin introducción alguna, en adultos con nombre propio. La historia principal, por su parte, es una reconstrucción mezcla de hechos conocidos con rumores escuchados aquí y allá,  o incluso con invenciones propias de la imaginación infantil. La realidad y la ficción tienen fronteras difusas… pero en el fondo da igual, pues cualquier versión de la historia es realista, cualquiera de ellas pudo haber sido, en aquella España de miedo, hambre y miseria.

Un libro complejo, pero muy recomendable. Y también lo es leer esta entrevista a Juan Marsé, en la que aclara muchas de las claves de la novela, y en la que revela cómo un gran número de detalles están basados en su propia infancia.

En resumen: un buen libro, una gran novela negra con todas las letras (la negrura era la identidad de la época), pero un libro exigente con el lector. Aunque el esfuerzo se ve recompensado.

27 de diciembre de 2013

[Libros] Santuario – William Faulkner (1931)

Nunca había leído a Faulkner, y tenía curiosidad por saber a qué debía su gran prestigio. También lo temía un poco, pues tenía fama de no ser un autor fácil de leer… pero el resultado la verdad es que no ha estado mal. Al menos, me ha gustado más que su compatriota, y contemporáneo, Hemingway.

Sinopsis:
Lee Goodwin es acusado de asesinato. El escenario del crimen es una casa oculta entre los árboles que alberga una destilería ilegal. Allí viven, entre otros, Ruby, una mujer que ha renunciado a todo por Lee, y Popeye, un sádico gánster marcado por una infancia terrible. El abogado Horace Benbow lucha para que Goodwin no sea juzgado por ser quien es, sino por los actos de los que le acusan. Para ello necesita la ayuda de Temple Drake, una adolescente que siente una extraña atracción por el peligro. Pero Temple ha desaparecido. Santuario fue la obra que dio a conocer a William Faulkner al gran público. Una historia escalofriante en la que caben toda la fuerza y la originalidad del genial novelista estadounidense.

Comentario personal: Una novela negra algo retorcida

Ésta es una novela negra en toda regla. Pero, además, como comento en el título, algo retorcida. Retorcida por expresa voluntad de su autor, quien, con un estilo nada amable con el lector, pero al mismo tiempo extrañamente cautivador, exige un esfuerzo superior al habitual para seguir la historia.

Estamos ante un relato de la América profunda en tiempos de la depresión. Una novela negra en la que la mayoría de sus personajes pertenece a los estratos más bajos de la sociedad, y en la que nos enfrentamos a una brutal violación y a un asesinato, y a la posterior acción de la justicia frente a estos actos. Pero lo que hace especial el texto es el peculiar estilo del autor.

Nos hallamos ante lo que yo suelo llamar “una novela puzle”,  en la que la información se aporta de forma desordenada, en la que se esconden hechos al lector para dosificárselos poco a poco más adelante. Pero en este caso ni siquiera es una novela puzle “habitual”; en este caso, además, al puzle le faltan piezas. Porque hay fragmentos de la historia que nunca se aclaran, y que hay que intuir o imaginar.

Por eso decía que el texto no es nada amable con el lector, y que se exige de éste un esfuerzo poco habitual. Pero, al mismo tiempo, esto puede resultar extrañamente atrayente. La verdad es que termina uno la novela con montones de preguntas en su mente, pero quizás es eso lo que la hace más especial.

No obstante, el estilo de Faulkner (al menos en esta novela, ya que al no haber leído otras no puedo generalizar) no es peculiar solamente por eso, sino también, desde mi punto de vista, por otras dos razones. Una de ellas está algo relacionada con la falta de información a la que aludía antes, y es la escasa profundización en las motivaciones de los personajes. No se puede decir que sean personajes superficiales, no es eso, de hecho creo que se hace un buen retrato de todos ellos, pero nunca llegamos a saber muy bien lo que piensan o por qué actúan como actúan. En cierto modo, el autor se limita a presentarnos unos hechos (con algunos detalles escamoteados, como decía antes) y es el lector quien debe interpretarlos; lo cual, a veces, es complicado. Personalmente, no he conseguido comprender las acciones de alguno de los personajes de la novela. Pero, en el fondo, eso pasa en la vida misma, donde a menudo no comprendemos por qué alguien actúa del modo que actúa. Probablemente el autor sabe por qué… pero se lo guarda.

Y el otro detalle peculiar del estilo de Faulkner al que hacía referencia es su estilo literario en sí. Porque, en general, la novela está escrita con un estilo sencillo (en su forma, que no en su fondo) y directo en su mayor parte, pero de vez en cuando se intercalan pequeños fragmentos descriptivos que parece como si hubieran sido escritos por otra persona. De repente, nos aparece un párrafo con una descripción casi poética, o incluso a veces casi diría que “excesivamente florida” en su forma, y que contrasta brutalmente con todo lo anterior. Son pequeños instantes dispersos a lo largo del texto, pero que resultan chocantes… aunque funcionan.

En fin, debo reconocer que el libro y su autor me han resultado curiosos, interesantes. No es una lectura del montón, y probablemente no guste a todo el mundo, pero no porque resulte difícil o pesada de leer (ya digo que el estilo, en su mayor parte, es sencillo y directo), sino porque resulta compleja de asimilar, o de entender; porque exige reflexión.

Personalmente, no puedo decir que el libro me haya entusiasmado, pero sí me ha interesado y sorprendido en determinados aspectos. No descarto seguir leyendo alguna otra obra de Faulkner (dosificada en el tiempo, eso sí).

P.D.: En cuanto al título… supongo que es otra de esas cosas que te hacen pensar. Yo todavía no le he encontrado la relación con el texto (será que soy algo corto…).


Nota personal: 7

12 de junio de 2013

[Libros] Un árbol crece en Brooklyn – Betty Smith (1943)

Sinopsis:

El clásico norteamericano sobre la infancia y juventud de una hija de inmigrantes en el Brooklyn de la década de 1920.
Francie Nolan adora leer, y lo hace sentada en las escaleras de emergencia de su casa, a la sombra de un árbol. Esta es la entrañable historia de su vida y la de los Nolan en general, una familia pobre, de raíces irlandesas y austriacas, que llegó a América buscando prosperidad. Francie crece con un padre, dulce pero débil y demasiado pegado a la botella, de manera que el verdadero soporte de la familia es su madre, que trabaja limpiando las escaleras de la vecindad. Un coro de familiares y amigos rodea a la familia, pero queda claro desde el principio que son las mujeres Nolan las que de verdad pisan fuerte en la vida. Como aquel árbol que le da sombra mientras lee, y que crece en el cemento, la ingeniosa Francie lucha contra toda clase de obstáculos para sobrevivir y salir adelante. Una novela repleta de personajes vivos, que recrea la década de 1920 en Brooklyn y el sueño americano de miles de inmigrantes.

Crítica: Un entrañable clásico del siglo XX que merece la pena leerse

Entrañable es la palabra que mejor le va a este libro, desde mi punto de vista. Se trata de una visión agridulce de la vida en la primera década del siglo pasado, de la mano de una familia pobre en un Brooklyn repleto de inmigrantes europeos recién llegados a América en busca de una vida mejor.

Seguramente esta descripción os sonará a algo mil veces visto en películas, o incluso leído en otros libros. Efectivamente, es así: cuando empecé a leer esta novela, también me pareció estar leyendo otra vez la misma historia mil veces contada, mil veces vista en el cine o la televisión. Pero esta historia tiene algo especial: por un lado, podemos considerar a este libro el origen de todas esas historias mil veces vistas y oídas; el tremendo éxito de ventas –a nivel incluso internacional– de esta novela puso la semilla para que fueran apareciendo esas otras decenas de libros y películas que ahora hacen que éste nos parezca poco original. Sin embargo, el mérito de haber sido el primero (o el primero con éxito) no es lo único valorable de este libro, sino que tiene también el valor adicional de haber sido escrito por alguien que vivió aquellas experiencias de primera mano, en su propia piel. Porque esta novela tiene mucho, muchísimo, de autobiográfica.

La historia nos cuenta la vida de una familia, los Nolan, tomando como principal hilo conductor a su hija Francie. El relato comienza con Francie a los once años, pero pronto hace una retrospectiva para relatar los comienzos de su familia, desde el matrimonio de sus padres, para concluir el libro con una Francie que acaba de cumplir los diecisiete. Recorre, pues, toda la infancia y la adolescencia de la muchacha… una muchacha en la que es posible reconocer a la autora, Betty Smith.

Teóricamente la novela es ficción, pero la mayor parte de su contenido es autobiográfico, siendo difícil discernir dónde termina la realidad de la infancia de la autora y comienzan las historias inventadas específicamente para la novela. Su autora nunca quiso ser demasiado clara a este respecto, aunque existen muchas evidencias de que gran parte del libro es real: al igual que la protagonista de su novela, Betty Smith vivió en el barrio de Williamsburg, en Brooklyn, en una familia pobre con ingresos que a menudo no llegaban ni siquiera para comer. Sus padres se llamaban en la vida real igual que en la novela, Katie y Johnny; y aunque no he podido averiguar (en la breve pesquisa por internet que he realizado, por curiosidad) si realmente su padre fue alcohólico, sí sabemos que su madre trabajaba de fregona, igual que en la historia. En la novela, Francie sueña con ser escritora, y también los trabajos por los que, ya en la adolescencia, va pasando, coinciden por los ejecutados por la autora a esa misma edad; su evolución académica, y su posterior marcha a Ann Arbor (Michigan) coinciden también en la vida real y en el libro. En resumen: la novela es un claro reflejo de la infancia de su autora, aunque pueda haberla embellecido con algunas anécdotas y pequeñas historias fruto de su imaginación (o quizás extraídas de vivencias de otras personas a las que conoció). Ello no sólo le da al relato el valor adicional de saber que se basa en hechos reales, sino que esa realidad es algo que se nota, que se siente al leer el texto. Sus personajes, todos ellos, son tan reales que notas que allí hay algo más que pura ficción.

La historia de la novela debería ser una historia triste, porque la vida de sus protagonistas es muy dura. Sin embargo, no es así; resulta, como mucho, agridulce, y, sobre todo, entrañable. Su autora escribió este libro teniendo ya más de 40 años, y supongo que sus recuerdos se ven adornados con la nostalgia de la niñez perdida, y con el dulzor que el paso del tiempo imprime incluso a los recuerdos más duros. Como decía Serrat en una de sus canciones, con los años “los recuerdos son cada día más dulces; el olvido sólo se llevó la mitad”. Las malas experiencias tienden a diluirse en la memoria, mientras que las buenas permanecen más frescas. Eso se nota en esta historia: aunque se hable de personas que se matan a trabajar de la mañana a la noche por unos centavos, aunque se hable de pasar hambre y frío, estas situaciones se mencionan casi como de pasada, como si fueran simplemente parte del marco de la vida en la que les había tocado vivir; en cambio, el relato se explaya en las pequeñas anécdotas, en los pequeños momentos de alegría, de diversión, de felicidad… Es por ello que la defino como agridulce y entrañable.

Pero ante todo, creo que es un retrato muy vívido de la sociedad obrera de principios del siglo XX. Sí, vale, lo hemos visto en decenas de películas y no vamos a descubrir nada nuevo… pero ésta sabemos que es una historia real, que además se lee con agrado y provoca ternura. Creo que está claro que nadie debe esperar de todo esto una historia apasionante; el relato es pausado y tranquilo, aunque tenga pequeñas cargas de profundidad semiocultas bajo ese velo suavizante de los malos momentos con que las cubre su autora. El texto está repleto de cotidianeidad mezclada con sueños, con miseria, con esfuerzo, con esperanzas y con pequeñas alegrías; es, también, un libro de historia, que nos ofrece un vivaz retrato de la vida en las dos primeras décadas del siglo XX y de los cambios sociales y tecnológicos que poco a poco iban teniendo lugar; y, tomándolo todo en su conjunto, se trata de una historia bonita y conmovedora, que creo que merece la pena leerse.

Personalmente, no puedo decir que este libro me haya marcado en ningún sentido, pero me ha gustado. Aunque lo recomendaría especialmente para leer en la juventud, cuando aún no se haya saturado uno de tantas y tantas historias y películas derivadas que cuentan más o menos lo mismo.


Nota personal: 8

4 de junio de 2013

[Libros] Por quien doblan las campanas – Ernest Hemingway (1940)

Aunque confieso que me daba un poco de pereza, tenía curiosidad por leer a Hemingway. Sólo había leído suyo El viejo y el mar, pero hace muchísimos años, y ya ni me acuerdo. Creo recordar que me agradó, pero sin llegar a parecerme excelente, así que decidí probar con una de sus obras más renombradas, a ver qué tal. El resultado ha sido decepción.


Sinopsis:
Un clásico del escritor norteamericano, comprometido con la realidad española durante la Guerra Civil.
En los tupidos bosques de pinos de una región montañosa española, un grupo de milicianos se dispone a volar un puente esencial para la ofensiva republicana. La acción cortará las comunicaciones por carretera y evitará el contraataque de los sublevados. Robert Jordan, un joven voluntario de las Brigadas Internacionales, es el dinamitero experto que ha venido a España para volar dicho puente. Allí, en las montañas, descubrirá los peligros y la intensa camaradería de la guerra. Y descubrirá también a María, una joven rescatada por los milicianos de manos de las fuerzas sublevadas de Franco, de la cual se enamorará enseguida. Mientras atraviesan las montañas, Robert Jordan irá conociendo lo sucedido durante los primeros días de la sublevación hasta el momento en que se precipite la tragedia colectiva en que están inmersos.

Crítica: Un buen análisis de la guerra civil española… que me ha dejado frío.
No sé muy bien cómo valorar este libro. Supongo que, aunque no quiera, me dejo influir por su fama y por el hecho de que su autor sea tan renombrado; si no fuera por ello, seguro que sería más duro. Porque lo cierto es que me esperaba mucho más de este libro, y, aunque ni mucho menos puedo decir que sea malo, me ha parecido bastante flojo.

El libro narra la historia de un norteamericano enrolado en las Brigadas Internacionales durante la guerra civil española. Robert Jordan, el protagonista, es un experto en explosivos y demoliciones al que le encomiendan la difícil misión de demoler un puente tras las líneas enemigas en el momento exacto en el que se desencadena una ofensiva republicana. Para ello deberá ganarse la confianza y el compromiso de los grupos de guerrilleros que operan de forma independiente e indisciplinada por las montañas de la sierra madrileña. Los cuatro días que van desde que Jordan contacta con los guerrilleros hasta que tenga lugar el inicio de la ofensiva forman el núcleo de la narración.

No cabe duda de que el texto tiene cosas positivas, y empezaré por estas. A pesar de transcurrir en un lapso de tiempo tan corto como cuatro días, a través de los hechos que nos cuenta y de las conversaciones que tienen lugar entre los distintos personajes, Hemingway nos ofrece un retrato muy veraz de lo que fue nuestra guerra civil: la desorganización y la indisciplina en las filas republicanas; la ausencia de verdaderos estrategas en el bando republicano unida a la ineptitud de gran parte de los altos mandos, militares de carrera, en el lado sublevado; las atrocidades cometidas por unos y por otros (para mí, el momento culmen del libro es la narración del brutal asesinato de los simpatizantes fascistas por parte de los guerrilleros republicanos tras la toma de un pueblo); el mejor equipamiento y formación militar del ejército rebelde; la estupidez y brutalidad de los grupos anarquistas; las luchas internas entre las distintas facciones en la República, y la falta de liderazgo del gobierno para establecer el orden; etc, etc, etc. Sin apartarse apenas del núcleo central (las vicisitudes del grupo de guerrilleros en la sierra de Guadarrama durante esos cuatro días), el autor consigue hacer una objetiva crónica de nuestro conflicto civil sin más que ofrecer unas breves pinceladas aquí y allá. En ese sentido, el mensaje lo veo muy logrado.

También como nota positiva del texto destaco la facilidad de su lectura, con un estilo sencillo y ágil, así como el mantenimiento de un buen ritmo en la historia, lo que hace que se lea con fluidez.

En la parte negativa, sin embargo, tengo también bastantes cosas que destacar. Por una parte, unas conversaciones y reflexiones en ocasiones un tanto infantiloides, quizás sobre todo en su forma, más que en su fondo. También la relación amorosa entre el protagonista y la chica rescatada por los guerrilleros resulta bastante infantil y demasiado azucarada y facilona. Y qué decir de los tópicos…

Parece lógico que un norteamericano que está de visita en España se deje llevar por aquellas cuestiones que le resultan más sorprendentes y llamativas, pero la importancia que se le da en el texto a una serie de topicazos de la España cañí resulta un poquito molesta. Gitanos, lecturas de mano y, sobre todo, toros y toreros por doquier. Sólo le han faltado el flamenco y las castañuelas (menos mal que al menos no ha caído en eso, y no ha pintado a los guerrilleros vestidos de faralaes y cantando y bailando alrededor de la hoguera en plena sierra madrileña). La verdad es que, aunque intente ser justo con Hemingway, creo que se ha pasado un poco: vale que en aquella época, hace ya nada menos que 80 años, probablemente el mundo del toreo impregnaba mucho más la cultura popular que hoy en día. Vale, me lo puedo creer. Pero que aparezcan los toros, de forma directa o metafórica casi en cada frase… que la gitana del grupo guerrillero haya estado casada con un torero… que otro de los guerrilleros sea un héroe de las capeas en su pueblo… que prácticamente todos conozcan a algún torero, que sean expertos en el “arte” de la lidia, y que el mundo del toro aparezca de una forma u otra cada pocas páginas, me parece realmente excesivo. Sí, puede que a Hemingway le pareciese que en España se vivía alrededor del mundo del toro, y a lo mejor hasta puede ser que en aquella época pudiera ser un poco así, al menos en apariencia… pero la verdad es que me ha parecido demasiado folclórico.

En cuanto al estilo, me ha resultado “facilón” pero sin sustancia. Se profundiza poco en los personajes, y la expresión de sus motivaciones y sentimientos me ha resultado fría, no he llegado “a creérmelos”. Personalmente me daba totalmente igual quién muriera o quién traicionase a quién. Como dije más arriba, salvo el relato de las atrocidades cometidas en el pueblo arrebatado a los fascistas, que sí me ha parecido bien narrado y capaz de llegar al lector, el resto me ha resultado muy frío y lejano. No me he implicado en la historia ni con sus protagonistas, y, aunque la he leído con agilidad y sin sentir aburrimiento (salvo puntualmente con alguna reflexión del protagonista), no lo he disfrutado, por ese distanciamiento que me producía su estilo.

Sinceramente, esperaba más de Hemingway, dada su fama. Llevado por la curiosidad, he buscado en internet artículos sobre su estilo, sobre lo que aportó a la literatura… y la conclusión que he sacado es que destaca justamente por lo que no me ha gustado, la “superficialidad” de su estilo.

Al parecer, tal como he interpretado de lo leído por ahí, en su momento el estilo de Hemingway fue rompedor justamente por esa sencillez, por la abundancia de conversaciones, por la escasa profundización en la historia, que, según “los entendidos”, “es algo que se deja al lector” (pós vale…). Según interpreto (ahora es cuando algún experto me llama sacrílego :-), Hemingway tuvo valor en su momento porque “inauguró” la narrativa popular moderna, lo que podríamos denominar, exagerando un poco, “el estilo best-seller”. Puede ser; es cierto que en ocasiones me parecía un estilo bastante "cinematográfico", aunque no sé decir si fue pionero en ello o no. Y además, supongo que me resulta difícil valorar un estilo así cuando hoy en día estás ya saturado de ello, cuando no te supone ninguna originalidad sino más bien al contrario… Pero en fin, el caso es que, leído hoy, este libro no me ha dicho casi nada: una novela que puede leerse y no aburre, pero tampoco entusiasma. Lo siento, pero así la veo.

Nota personal: 6,5

1 de abril de 2013

[Libros] Olvidado rey Gudú – Ana María Matute (1996)


Una vez más, un gran clásico contemporáneo al que aún no le había hincado el diente. Poquito a poco, me voy culturizando con los años; más vale tarde que nunca...

Sinopsis:
Ambientada en la Edad Media, Olvidado Rey Gudú tiene un gran componente de fabulación y fantasía, y narra el nacimiento y expansión del reino de Olar. Multitud de personajes, aventuras y el propio paisaje sumergen al lector en una trama en la que todo interviene: el ansia de poder, lo desconocido, el miedo, el placer de la conquista, el amor y la ternura. Como símbolos de lo inalcanzable, el misterioso Norte, la inhóspita estepa al Este, y el Sur, rico y opulento, limitarán la expansión de un Reino en cuyo intrigante devenir intervendrán la astucia de una niña sureña, la magia de un viejo hechicero y las reglas del juego de una criatura del subsuelo.

Olvidado Rey Gudú compone la gran metáfora del Hombre y su Historia. Realidad y leyenda, pasado y futuro se confunden en una ficción que se nutre de las inquietudes, dudas y anhelos que desde siglos animan y dominan a la humana naturaleza. Una novela imprescindible para disfrutar de la auténtica literatura.

Crítica: Un libro bello.
He leído por ahí que hay quien lo considera una obra maestra de la literatura... No sé si decir tanto, pero desde luego, es un libro de calidad, bien escrito y con mucho, mucho fondo. No es un libro ligero, aunque esto no quiere decir que se haga pesado (bueno, al final sí se me hizo un poquito largo, pero nada exagerado); lo que quiere decir es que hay mucha reflexión, mucha filosofía de la vida, detrás de las palabras de este libro.

La historia del reino de Olar es la historia de sus gentes, y en ellos se observan las principales virtudes y defectos del ser humano: sus deseos, pasiones, anhelos y sueños... odio, amor, envidia, venganza, ambición, ternura... Todo ello aderezado con frases, con reflexiones, de esas que te sueltan de repente, como si tal cosa, y te dices. "jo, cuánta verdad... qué profundo..."

Por momentos, el texto es pura poesía. Hay partes de aventura, partes entretenidas, partes hasta divertidas, pero también hay partes que cuesta entender, surrealismo puro, poesía pura... Y partes tristes. Porque, quizás, y especialmente en la parte final, el libro parece algo pesimista con respecto a la especie humana, una vez que ésta supera la etapa de la niñez...

Es un libro bello. Un libro que recomendaría leer, aunque sabiendo que no es una lectura cualquiera. Es largo, y para paladear. Esto no es ni mucho menos sinónimo de aburrido (que sé que lo estáis pensando), pero es cierto que no es un libro de lectura ligera, y probablemente "no apto para todos los públicos", o no en todos los momentos. A mí me ha gustado.

Nota personal: 8

23 de marzo de 2013

[Libros] La conjura de los necios – John Kennedy Toole (1980)


Otro clásico contemporáneo que no había leído hasta ahora. Y no sólo eso, sino que tampoco tenía ni idea de qué iba; sólo sabía que era un libro famoso y que se consideraba casi una obra maestra. Así que se puede decir que llegué a este libro totalmente a ciegas.

Sinopsis:
La Conjura De Los Necios es una disparatada, ácida e inteligentísima novela. Pero no sólo eso, también es tremendamente divertida y amarga a la vez. La carcajada escapa por sí sola ante las situaciones desproporcionadas de esta gran tragicomedia.
Ignatius J. Really es, probablemente, uno de los mejores personajes jamás creados y al que muchos no dudan en comparar con el Quijote. Más aún, es el antiprotagonista perfecto para una novela repleta de excelentes personajes, situados en la portuaria ciudad de Nueva Orleans, magistral Ignatius. Él es un incomprendido, una persona de treinta y pocos años que vive en la casa de su madre y que lucha por lograr un mundo mejor desde el interior de su habitación. Pero cruelmente se verá arrastrado a vagar por las calles de Nueva Orleans en busca de trabajo, obligado a adentrarse en la sociedad, con la que mantiene una relación de repulsión mutua, para poder sufragar los gastos causados por su madre en un accidente de coche mientras conducía ebria.

Crítica: Torrente intelectualoide

Para los despistados como yo que aún no hayan leído este libro, diré que básicamente son las aventuras y desventuras de una panda de imbéciles patéticos, liderada (es un decir) por el imbécil supremo, Ignatius J. Reilly. Un ser insociable, odioso, egoísta, vago, vanidoso, petulante, glotón y onanista… un Torrente en toda regla. Aunque en realidad, y dadas las fechas, probablemente es al contrario: que Torrente sea la versión hispánica de Ignatius. No me extrañaría nada…


El libro es un desfile de personajes esperpénticos a lo largo de un texto ácido, absurdo, sarcástico, cínico, incisivo, mordaz… y otras decenas de adjetivos que le podrían ser aplicables. El resultado es un libro muy especial, obra maestra y desternillante para una gran mayoría, insufrible también para muchos, y simplemente original para unos pocos, entre los que esta vez me cuento. Porque creo que éste es un libro que amas u odias… pero curiosamente yo me he quedado en un mediocre punto intermedio. Exactamente igual que me pasa con las películas de Torrente…

Así que nada, este libro no lo puntuaré, porque está claro que su humor no ha conseguido llegarme, pero esto es algo tan personal que no puedo universalizar esa relativa frialdad con la que lo he leído, mientras que al mismo tiempo aprecio bastantes notas positivas en su originalidad y cómo está escrito. Es decir, tengo esa sensación de reconocer que probablemente el libro sea bueno pero que yo no he podido apreciarlo adecuadamente. Y es que ya se sabe que pocas cosas hay tan personales y subjetivas como el humor.


La verdad es que me gustaría haberme desternillado de risa con Ignatius J. Reilly, pero no he pasado de 3 suaves carcajadas en todo el libro; han sido momentos demasiado puntuales para llegar a cogerle el gusto. Pero ya digo que, en esto, el raro soy yo, sin ninguna duda, porque también a menudo me cuesta reírme con películas o programas de humor que arrastran millones de espectadores…

Por destacar las notas positivas, diré que se nota que es un libro escrito con inteligencia. Junto a las historias estrafalarias y a los toques de lenguaje incluso soez en ocasiones, se suman innumerables frases con un gran nivel de ingenio. Por otra parte, el texto esconde también ácidas críticas hacia la sociedad en general, y hacia ciertos personajes que, aunque muy estereotipados y exagerados, representan a diferentes estamentos de la misma. Sí, el texto denota inteligencia, lo que quizás sea su principal diferencia de un Torrente cualquiera. Pero pese a todo, es principalmente un libro de humor, de un humor ácido y estrafalario, que no ha conseguido llegarme más que en muy contadas ocasiones (demasiado pocas).

También es muy posible que al libro le pesen un poco los años. Creo que en la época en que fue publicado, 1980, su estilo debió resultar rompedor, y muy a tono con el espíritu de la época; en momentos en que triunfaban por su desfachatez películas como “Pepi, Luci, Bom…”, que hoy nos resultan poco menos que infumables, este libro debió destacar por esa misma línea provocativa y deslenguada. Hoy, en cambio, ese estilo ya no nos choca tanto, y supongo que eso le resta frescura y originalidad en la actualidad.

Por supuesto, si tenemos en cuenta que en realidad el libro fue escrito en los años 60, uno tiene que reconocer que desde luego su autor fue un gran adelantado a su tiempo, y no me extraña en absoluto que no pudiese encontrar ninguna editorial que quisiera publicarlo. En aquella época, decir que este libro hubiera resultado escandaloso probablemente es quedarse muy corto. Hoy, en cambio, no causa ya el más mínimo escándalo, y el personaje de Ignatius J. Reilly, aunque aún sea capaz de provocar muchas sonrisas y hasta alguna carcajada, no pasa de ser un estrafalario patético con algunos toques de ingenio en su discurso, pero que ya no escandaliza a nadie. Un Torrente con un barniz intelectualoide. Ya estamos curados de espanto…

25 de enero de 2013

[Libros] Crónica del pájaro que da cuerda al mundo – Haruki Murakami (1994)


Sinopsis:
Tooru Okada está en el paro. Ha dejado su trabajo en un bufete de abogados y no parece tener prisa por buscar un nuevo trabajo. Un día recibe la llamada de una mujer misteriosa que parece proponerle sexo telefónico. Y a partir de ese momento su vida cambiará. Desaparecerá su gato y, más tarde, su mujer. Aparecerán extraños personajes en su vida, algunos con poderes mágicos, a veces en sueños particularmente realistas. Todo parece estar relacionado con el-pájaro-que-da-cuerda, un pájaro que emite un sonido como de dar cuerda al mundo, y que sólo unos pocos parecen oír.

Crítica: Pá mear y no echar gota (con perdón…)

Habéis visto la imagen de la portada, ¿no? Bien, no podía haberse elegido mejor. Es la cara que se te queda leyendo este libro.

Quien haya leído algo suyo, ya lo sabe: Murakami es raro. Bueno, pero raro. Y de lo que llevo leído suyo hasta ahora (sólo 3 libros), creo poder decir que éste es el más raro.

Me cuesta mucho trabajo describir el libro. Su contenido es surrealista, onírico… Y, sin embargo, como en todos los libros de Murakami, se lee con agilidad y tiene algo que gusta. Te está colando los hechos más absurdos, saltando inconexamente de acá para allá o introduciendo personajes surrealistas, y tú lo vas tragando como si nada, aunque la cara se te vaya poniendo poco a poco como en la portada del libro y te estés preguntando “¿de qué coño va esto?”.

Mientras leía este libro, me he sentido como si viviera dentro de un cuadro de Dalí, como si me hubiera introducido en un mundo onírico sin sentido, pero a la vez “real”. Y, pese a todo, sigues leyendo…

Evidentemente, no es un libro fácil… aunque tampoco difícil, porque Murakami siempre escribe con un estilo sencillo y fluido que se lee con agilidad. Es, simplemente, muy raro; y para colmo, es un libro muy largo (más de 900 páginas en papel). Desde luego, no lo recomiendo si no se conoce previamente a Murakami: descubrir a este autor a través de este libro debe ser todo un shock del que cueste recuperarse.

A mí, como ya me tenía extrañamente cautivado, me sigue teniendo entre sus redes, y seguiré probando otras obras suyas a ver si en alguna me entero de algo. Porque el caso es que me gustan…

Nota personal: sinceramente... ni idea.

15 de noviembre de 2012

[Libros] La puerta – Magda Szabó (1987)


La primera vez que oí hablar de esta autora húngara fue hace un año, en la radio, mientras iba en el coche al trabajo, en el aniversario de su muerte, o algo así. Y lo que contaron de ella me atrajo mucho, animándome a leer alguna de sus obras. Tiene muy pocas publicadas en español (sólo cuatro), pero si todas son como ésta, entiendo que se la considere una de las mejores novelistas europeas del siglo XX.

Sinopsis:
Una historia en homenaje a la amistad, de una calidad humana extraordinaria. Retrato de la extraña y larga relación entre una escritora, -la propia Magda Szabó- y su sirvienta -Emerenc Szeredas- durante veinte años. Magda, una intelectual que vive alejada de la realidad, pertenece a la burguesía húngara. Emerenc ha vivido en la miseria y conoce los quebrantos y las amarguras que ha sufrido el pueblo tanto en la época de los nazis como en la de los comunistas. Las dos mujeres viven y han vivido dos vidas que chocan y se atraen. Su relación es tensa y, sin embargo, no pueden vivir la una sin la otra.

Crítica: Un gran libro de una gran escritora casi desconocida en España

No conocía a esta autora, pero con este primer libro suyo que leo, me ha hechizado: ¡quiero más!

La puerta es una novela de esas que podríamos llamar “intimista”, de esas que hablan sobre la vida de las personas… Pero no sólo es que las personas que protagonizan esta novela (sobre todo una de ellas) sea alguien extremadamente especial, con una personalidad y una historia sorprendentes, sino que además la novela está magníficamente escrita. Desde luego, esta Szabó sabe escribir, y ha conseguido engancharme desde las primeras páginas.

En “la puerta”, la escritora nos narra su relación autobiográfica (novelada) con la que fuera su asistenta durante 20 años, Emerenc. Sí, ya sé que suena “extremadamente apasionante”, confieso que aunque tenía curiosidad por descubrir a esta autora, ese argumento me echaba un poco para atrás… Pero no os dejéis llevar por los prejuicios: el texto narra la relación entre dos personalidades casi rotundamente opuestas, una relación de amor-odio entre dos personas a lo largo de los años, en la que iremos descubriendo el asombroso y durísimo pasado de Emerenc, salpicado con anécdotas llenas de ternura y otras que nos harán soltar la carcajada (a mí me ha pasado en un par de ocasiones, y no suelo llegar a reír leyendo un libro). Por otra parte, el libro huye siempre de la lágrima fácil, lo cual es de agradecer, pues hubiera sido muy sencillo en muchas ocasiones a lo largo del texto, y siempre es un recurso sencillo para "enganchar" al lector; personalmente, ni siquiera me he acercado "a la lagrimita" en ningún momento, pero no por eso el libro ha dejado de "llegarme".

Emerenc tiene una personalidad absolutamente fuera de lo común: a primera vista, una vieja odiosa e insoportable, que mantiene su casa cerrada a cal y canto frente a cualquier extraño (y extraños son todos para ella), que hace su santa voluntad allí por donde pasa, y que no se muerde la lengua para criticar ácidamente el comportamiento de los demás cuando no coincide con su forma de ver la vida. Pero al mismo tiempo, es una persona con una humanidad casi oculta, que en el libro vamos descubriendo poco a poco, salpicada de estallidos de cólera y actitudes que harían que pocos quisieran acercarse a ella. Sin embargo, Emerenc es una persona querida en todo el barrio, es el alma de este barrio de Budapest… y Magda Szabó termina convirtiéndose en la única persona con la que llega a intimar… a su modo.

El libro es el retrato de una amistad entre dos personas opuestas: una escritora ilustrada y procedente de la alta burguesía húngara, que nunca ha realizado un trabajo manual y se dedica por entero a la literatura, y una mujer procedente del campo que ha sufrido lo indecible, que ha vivido horrores inenarrables a lo largo de varias guerras y postguerras, y que no ha hecho en su vida otra cosa que trabajar hasta deslomarse. El choque entre ambas es inevitable… pero al mismo tiempo, la comprensión surge del fondo de sus corazones (vaya, qué cursi me ha quedado esto…).

En fin, que es un libro que realmente merece la pena.

Nota personal: 9

27 de octubre de 2012

[Libros] 1Q84-Libros 1, 2 y 3 – Haruki Murakami (2009-2010)


Sinopsis (sólo la sinopsis de los libros 1 y 2, porque en la sinopsis del libro 3 la editorial la cagó destripando parte de la trama de los libros anteriores):

En japonés, la letra q y el número 9 son homófonos, los dos se pronuncian kyu, de manera que 1Q84 es, sin serlo, 1984, una fecha de ecos orwellianos. Esa variación en la grafía refleja la sutil alteración del mundo en que habitan los personajes de esta novela, que es, también sin serlo, el Japón de 1984.
En ese mundo en apariencia normal y reconocible se mueven Aomame, una mujer independiente, instructora en un gimnasio, y Tengo, un profesor de matemáticas. Ambos rondan los treinta años, ambos llevan vidas solitarias y ambos perciben a su modo leves desajustes en su entorno, que los conducirán de manera inexorable a un destino común.
Y ambos son más de lo que parecen: la bella Aomame es una asesina; el anodino Tengo, un aspirante a novelista al que su editor ha encargado un trabajo relacionado con La crisálida del aire, una enigmática obra dictada por una esquiva adolescente. Y, como telón de fondo de la historia, el universo de las sectas religiosas, el maltrato y la corrupción, un universo enrarecido que el narrador escarba con precisión orwelliana.

Crítica tras leer las partes 1 y 2: Raro, raro, raro... pero gusta

Acabo de terminar de leerlo y debo decir que me ha gustado, aunque sin llegar a entusiasmarme. La verdad es que es un libro raro, raro, raro... Pero gusta. Sin saber muy bien por qué... gusta.

Está bien escrito, tiene partes que enganchan, que intrigan, que te motivan a seguir leyendo. Los personajes son magníficos, están perfectamente perfilados; a pesar de ser todos ellos un tanto raritos de una forma u otra, el autor consigue que te identifiques con ellos. El ritmo es pausado, pero sin caer en el aburrimiento (aunque en ocasiones hay fragmentos ligeramente tediosos, pero afortunadamente cortos), aunque creo que esto es típico de Murakami (sólo he leído otro, pero el estilo pausado se repetía).

No sé, es un libro distinto, que gusta y desconcierta a partes iguales. En ocasiones, hasta me provocó un fuerte rechazo: la primera aparición de la "LP" (quien lo haya leído sabe a qué me refiero) casi me hace soltar un "¡vamos, no me jod...!" Me chirrió enormemente, me pareció casi una tomadura de pelo. Luego hasta casi te acostumbras... La verdad es que a partir de ahí, la trama da un vuelco, pasa de ser un libro más o menos "normal" a ser... pues eso: raro, raro, raro...

En resumen, no sé bien qué decir. Me ha dejado con ganas de seguir, con ganas de leer la tercera parte, lo cual debe ser muestra de que el libro ha conseguido engancharme. Y sin embargo, al mismo tiempo su lectura me ha dejado una especie de sabor agridulce... Curioso.

Crítica final, tras leer la parte 3: Arte abstracto hecho literatura

Leída la tercera y última parte, me reafirmo en lo que dije en su día: un libro que me ha gustado bastante, pero que me ha resultado “raro”.

Es curioso: no es, desde luego, un libro que me haya “marcado”, no es un libro que recordaré con especial cariño, pero en cambio es un libro de cuya lectura he disfrutado bastante (Actualización: me equivoqué; un año después, sí recuerdo este libro con bastante cariño, como algo muy especial). Todo ello me ha hecho reflexionar tras terminar de leerlo, por esa sensación extraña que me ha dejado: ¿por qué me ha gustado este libro? ¿por qué me parece un libro especial? ¿tiene sentido buscarle sentido?, etc. Y tras reflexionar un poco, he sacado mis conclusiones personales, que quería compartir aquí.

Advertencia: si eres de los que te influye mucho conocer algo de un libro antes de leerlo, quizás sea mejor que no sigas leyendo. Aunque no revelo datos concretos, sí puedo dar pistas sobre el desarrollo de la trama y el modo en que termina, así que, si continúas leyendo esto, que sepas que asumes ese riesgo. Por otra parte, si no has leído el libro es probable que no entiendas parte de mi siguiente reflexión.

La sensación que tuve al terminar el libro fue la de “haber disfrutado del viaje”. Lo de menos fue el final (bastante tópico) o que quedasen decenas de flecos, de historias abiertas, de asuntos sin explicar. Supongo que esto puede molestar a alguien (esa sensación de “¿miles de páginas leídas para quedarme igual que al principio?”), pero a mí no: disfruté de su lectura, de la prosa del autor, del magnífico retrato de sus personajes… y ese final un tanto flojito no me ha molestado. Quizás he disfrutado el libro más en su forma que en su fondo…

También tenía la extraña sensación de si, a pesar de todo, el autor no nos habría tomado un poco el pelo. ¿Tenía algún sentido, alguna explicación, algún significado oculto todo eso de la Little People, la mother y la daughter, la crisálida de aire… o no eran más que chorradas sin sentido lanzadas por el autor para crear un ambiente especial “mágico”, sin que él mismo supiera de qué estaba hablando? ¿Había algún “mensaje profundo” en el libro, alguna neura interna de Murakami reflejada en estas fantasías, o no era más que el jugueteo con las palabras de un genio de la literatura? Estas dudas se reforzaban con el claro “juego” con el lector que supone la introducción del revólver en la historia, con la directa alusión, varias veces, a “las leyes de Chéjov” de la novela; claramente, el autor juguetea con el lector en estos casos… ¿lo habría hecho durante todo el libro?

Pensando en esto, y reacio a pensar que Murakami quisiera simplemente tomarnos el pelo a todos, me dio por comparar el libro con una especie de poema en prosa… Pero luego encontré una metáfora mucho mejor, que para mí le encaja al libro como anillo al dedo: este libro es arte abstracto. Es como un cuadro abstracto transformado en literatura. Algo a lo que no hay que buscar explicación, algo que probablemente ni el propio autor sabe qué significa, algo que simplemente “le ha salido así de dentro”, y que luego el que lo observa (lo lee, en este caso) simplemente lo disfruta (o no) sin necesidad de buscarle un sentido. Sí, sé que hay gente que “necesita” buscar un sentido al arte abstracto… gente que difícilmente puede disfrutarlo; a mí un cuadro abstracto me gusta o no me gusta, sin saber por qué, y sin que me plantee preguntarme qué es eso (de hecho, creo que a menudo, no es “nada”; simplemente, arte). Este libro lo veo exactamente igual.

Quizás por eso no me ha importado que todo lo “mágico” de este libro quede sin explicación alguna, o que el final sea tópico y sencillo, o que el libro esté saturado de historias paralelas o descripciones sin vinculación directa con la trama principal (hay decenas: la lectura de la obra de Chéjov sobre Sajalin… la historia del padre de Tengo como cobrador de la NHK… etc). Da igual: he disfrutado leyendo el libro como disfruto viendo un cuadro abstracto que me gusta: sin saber por qué y sin necesidad de buscarle un sentido. No quiero decir que ésta sea la forma en que debe uno acercarse a este libro, o que sea lo que Murakami pretendía… No lo sé… pero es lo que he sentido yo al leerlo.

Así que me reafirmo: un libro raro, pero que me ha gustado.

Nota personal: 8,5

19 de octubre de 2012

[Libros]Ensayo sobre la ceguera – José Saramago (1995)


Sinopsis:
Un hombre parado ante un semáforo en rojo se queda ciego súbitamente. Es el primer caso de una «ceguera blanca» que se expande de manera fulminante. Internados en cuarentena o perdidos en la ciudad, los ciegos tendrán que enfrentarse con lo que existe de más primitivo en la naturaleza humana: la voluntad de sobrevivir a cualquier precio.
Ensayo sobre la ceguera es la ficción de un autor que nos alerta sobre «la responsabilidad de tener ojos cuando otros los perdieron». José Saramago traza en este libro una imagen aterradora —y conmovedora— de los tiempos sombríos que estamos viviendo, a la vera de un nuevo milenio. En un mundo así, ¿cabrá alguna esperanza? El lector conocerá una experiencia imaginativa única. En un punto donde se cruzan literatura y sabiduría, José Saramago nos obliga a parar, cerrar los ojos y ver.
Recuperar la lucidez y rescatar el afecto son dos propuestas fundamentales de una novela que es, también, una reflexión sobre la ética del amor y la solidaridad. «Hay en nosotros una cosa que no tiene nombre, esa cosa es lo que somos», declara uno de los personajes. Dicho con otras palabras: tal vez el deseo más profundo del ser humano sea poder darse a sí mismo, un día, el nombre que le falta.

Crítica: Como buen libro famoso... esperaba más

Da un poquito de vértigo ser crítico con lo que la opinión general define como una de las obras maestras de un genio de la literatura y Premio Nobel... Pero quizás una de las cosas buenas de hacerse mayor es que uno se va haciendo más inmune a lo que piensen los demás, así que aquí va una opinión discordante.

El libro no me ha parecido ni mucho menos para tanto. Para empezar, no me ha parecido original: la idea de que el hombre pueda perder todo rasgo de humanidad en situaciones extremas la hemos visto plasmada con anterioridad en decenas de otros libros o películas que presenten escenarios post-apocalípticos o similares. Nada nuevo bajo el sol, así que, para empezar, el "meollo" del libro me ha dejado algo frío. Sería interesante si hubiera sido pionero con la idea o la forma de plasmarla, pero me ha parecido que no es así.

Por otro lado, aunque ya sé que no es muy relevante, me han resultado muy poco creíbles multitud de situaciones... la exageradísima actitud de los militares, por ejemplo (sí, ya sé que probablemente el autor ha querido exagerarlo aposta, pero no creo que hiciera falta, y cae en lo estrambótico, desde mi punto de vista) o detalles absurdos como que en una epidemia así las autoridades no utilicen medios de protección (¿militares sin trajes de protección antibiológica?). Detalles tontos si queréis, pero que me han resultado fastidiosos.

Y el estilo... en fin... Molesto. Muy molesto. Carencia de puntos, diálogos encadenados sin diferenciación de quién habla, etc. Muy molesto, y no veo que aporte absolutamente nada positivo. Otros autores que han usado técnicas "originales" como la carencia de puntos en los textos o similares, lo han hecho para conseguir un efecto determinado (sensación de conversación compulsiva, o de urgencia, o de un modo de hablar determinado...), es decir, otros han usado estilos no convencionales consiguiendo transmitir algo con ello. Pero con este estilo, a mí Saramago sólo me ha transmitido fastidio.

En fin, no digo que me haya parecido mal libro... pero ni mucho menos la obra maestra que esperaba encontrar, dada su fama. Será que soy yo el rarito...

Nota personal: 5,5