29 de julio de 2014

Cita de hoy

Dios da pan al que no tiene dientes, pero antes, mucho antes, le dio hambruna al que los tenía. Linda trampa la de Dios. Después de todo, los refranes populares son algo así como un curriculum divino. Se armó la de Dios es Cristo: virulencia y furia. Dios los cría y ellos se juntan: conspiración y acoso. Dar a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César: repartija y prorrateo. Como Dios manda: prepotencia e imperio. Dios pasó de largo: indiferencia y menosprecio. A Dios rogando y con el mazo dando: parapoliciales, paramilitares, escuadrones de la muerte, etc. Cuando Dios quiera: poder omnímodo. Dios nos libre y nos guarde: neocolonialismo. Dios castiga sin palo ni piedra: tortura subliminal. Vaya con Dios: malas compañías.

Primavera con una esquina rota – Mario Benedetti

26 de julio de 2014

[Libros] Yo, Claudio – Robert Graves (1934)

Aunque ya habréis notado que tengo unos gustos literarios bastante amplios, y que de hecho me gusta variar en mis lecturas, lo cierto es que siento una cierta debilidad hacia la novela histórica y la Historia, con mayúsculas. En concreto, la historia de Roma es una de las épocas que más atractivas me resultan. Por ello, este clásico del género tenía que caer tarde o temprano.

Sinopsis:
En el díptico que integran «Yo, Claudio» y «Claudio el dios y su esposa Mesalina», la amplitud y la profundidad de los conocimientos sobre la Antigüedad clásica de Robert Graves (1895-1985) se conjugan con una prosa de enorme belleza a la que da aliento una poderosa y viva imaginación, capaz de reconstruir toda la grandeza y miseria de la Roma imperial.
Primer volumen de la supuesta «autobiografía» de este singular emperador, destinado a serlo contra sus propias inclinaciones, en «Yo, Claudio» las intrigas, la depravación, las sangrientas purgas y la crueldad de los reinados de Augusto y Tiberio, que culminaron en la locura de la etapa de Calígula, sirven de marco histórico a la trama argumental.

Crítica personal: Gran novela histórica para adictos al género
Aunque casi sea empezar por el final, explicaré el encabezamiento de esta crítica: considero que “Yo, Claudio” es una magnífica novela histórica, bien escrita, bien documentada, y de gran calidad en general; pero también creo que es un libro que podrá resultar a ratos aburrido para el lector no excesivamente afín al género. Luego daré más detalles.

Como supongo que os ocurrirá a muchos de vosotros, yo más o menos ya sabía de qué iba esto de “Yo, Claudio”. Recordaba la serie que ponían en televisión durante mi niñez, esa que veía toda España (en un tiempo en que no había ni cadenas privadas ni internet, uno veía lo que le ponían en TVE) y de la que todo el mundo hablaba. Creo que fue una pequeña revolución en su época, una serie bien hecha y “moderna”, con malos malísimos y hasta con sexo de fondo, aunque no fuera explícito. Yo era un crío y no veía la serie, supongo que estaría jugando por ahí con la tele de fondo (mis padres sí que la seguían con interés, de eso sí me acuerdo), pero es imposible no recordar al Claudio tartamudo y servil, y al loco de Calígula. Así que, más o menos, sabía de qué iba el libro, aunque por lo demás me resultase totalmente nuevo, porque realmente no seguí la serie.

El planteamiento de la novela es original, pues está redactada como si se tratase de las memorias de Tiberio Claudio Druso Nerón Germánico (y Esto-y lo-otro-y-lo-de-más-allá, como dice él mismo), escritas hacia el final de sus días en primera persona. Aunque no se trata de una autobiografía, sino más bien de la crónica de una época, remontándose a sus padres y el reinado de Octavio Augusto, y relatando todos los acontecimientos que fueron teniendo lugar durante su niñez y juventud.

En realidad, este primer volumen de una obra compuesta por dos, apenas habla del propio Claudio. El autor aparece como un personaje más bien secundario, que nos va relatando buena parte de la historia de Roma en el siglo I, y centrado principalmente en el entorno de la familia imperial. Claudio es nieto de Augusto, lo que le permite vivir en palacio, aunque todos lo consideren un pobre retrasado. Nacido con diferentes minusvalías, Claudio es cojo y tartamudo, lo que le lleva a ser despreciado por la mayor parte de su entorno, aunque interiormente es mucho más inteligente de lo que todos creen. El hecho de que nadie le otorgue la más mínima importancia le permitirá, en cierto modo, ser el testigo más privilegiado de todo lo que sucede a su alrededor.

Viviremos el final del reinado de Augusto, seguido por el de Tiberio (tío de Claudio) y posteriormente Calígula (su sobrino), describiéndonos la política y las acciones bélicas en las fronteras, pero con un especial énfasis en todo el entramado de envidias, traiciones, intrigas, sucias maniobras y asesinatos  que adquirieron especial relevancia durante la época imperial.

La novela está bien escrita y se nota documentada, pero puestos a ser críticos, destacaría una cierta falta de amenidad. El narrador (Claudio) es prácticamente omnipresente, siendo los diálogos bastante escasos, lo que resta agilidad al relato. Además, el exceso de personajes y el exceso de detalle en algunas partes resulta algo confuso para el lector, en ocasiones sin tener mayor relevancia: hay personajes que se mencionan en una o dos páginas y no vuelven a aparecer; podría haberse prescindido de ellos sin afectar al texto y ganando en agilidad, pero Graves prefiere optar por el detalle en su relato. Esta atención al detalle será valorada por el verdadero aficionado a la Historia, pero para el lector medio considero que hace el texto algo denso y confuso y falto de amenidad a ratos.

Realmente, la amenidad del texto despega con la llegada de Calígula al poder, en el último tercio del libro. Las locuras de este payaso sanguinario dan mucho juego, y a partir de aquí la novela se lee con bastante más agilidad. Este primer volumen termina justamente con la muerte de Calígula y el nombramiento de Claudio como emperador, por lo que todo parece apuntar a que, en el segundo tomo, el presunto autor del texto pasará de secundario a protagonista principal de la historia. La verdad es que uno se queda con la sensación de que el segundo tomo va a ser más ameno, aunque habrá que verlo (aún no lo he leído).

En resumen, un buen libro, sin ninguna duda, una gran novela histórica que además fue pionera en el género (¡se escribió en 1934, y hoy sigue pareciendo moderna!), pero que no es un libro que destaque por una lectura ágil y amena.  No lo califico de aburrido en absoluto, el texto fluye bien y tiene toques de ironía y humor, pero si alguien espera cierta tensión o aventuras, puede olvidarse. Es un relato histórico contado con amenidad, pero relato histórico al fin y al cabo. Si sabiendo esto os atrae, adelante: no os sentiréis defraudados.

Por cierto, que me he quedado con ganas de ver la serie. Son poquitos capítulos, y he leído por ahí que no ha acusado demasiado el paso del tiempo. Creo que la serie, con sus diálogos y la necesaria simplificación de los detalles menores, aportará ese toque de mayor amenidad del que quizás adolece algo el libro.

26 de junio de 2014

[Libros] Buscando a Alaska – John Green (2007)

No había oído hablar de este libro, ni conocía a su autor, hasta que mi hija me habló de él. Leí la sinopsis, lo ojeé, y me provocó la suficiente curiosidad como para animarme a leerlo; también, en parte, para confirmar mi primera impresión de que este libro no era tan “juvenil” como en un principio pudiera parecer. Y así fue.

Sinopsis:
Cansado de su aburrida existencia, Miles, de 16 años, deja su casa para buscar su “gran quizás” en un colegio internado. Ahí su recién descubierta libertad y una enigmática chica, Alaska, lo lanzan de lleno a la vida. Miles se siente que está por alcanzar su objetivo cuando una tragedia inesperada amenaza con arrebatárselo. ¿Cómo la intensidad de la amistad puede terminar en una pérdida devastadora?

Crítica personal: Un relato de amistad, juventud y el sentido de la vida
Estamos, sin duda, ante un libro de literatura juvenil, un libro de jóvenes: lo son sus protagonistas, y lo son sus reflexiones, que reflejan muy bien la vida interior a esas edades. Pero eso no significa que se trate de un libro simple o menor. Es cierto que lo parece en su primera parte, pero un acontecimiento trágico que tiene lugar a la mitad del libro, abrirá el camino hacia una reflexión mucho más madura, a un sufrimiento mucho más adulto.

En realidad, el argumento es sencillo, pero creo que su principal mérito es la capacidad que tiene el autor de reflejar los sentimientos y pensamientos de estos adolescentes, un grupo de jóvenes entre los 16 y 17 años que comparten un internado (un “high school”, o etapa preuniversitaria del sistema educativo americano). Amistad, rivalidades y amores… podría ser el típico cóctel de cualquier peliculilla del género (hasta de Disney, si le metemos canciones, coreografías y caras guapas), pero en realidad aquí todo es bastante más realista y menos azucarado. Hay estudios, preocupaciones, gamberradas, sexo, alcohol y tabaco, aliñado con las sencillas y grandes amistades que uno forja en esa etapa, y con las inseguridades también propias de la misma.

Pero todo es relativamente ligero hasta que algo rompe de forma trágica la monotonía del curso académico. Los protagonistas se ven obligados a replantearse sus vidas y sus actos, y a hacerse multitud de preguntas de índole vital. El libro adquiere unos tintes más introspectivos y hasta a ratos filosóficos, aunque afortunadamente sin moralismos ni moralejas. En el fondo, el mensaje es: así es la vida.

Se trata de un libro juvenil, sin duda, con el que se sentirán mucho más identificados los lectores que se hallen en la misma franja de edad que sus protagonistas. Un libro cortito y sencillo, aunque no necesariamente ligero. Creo que, para esas edades, es un gran libro, Y para los que ya nos pilla lejos, su lectura no deja de resultar bastante agradable; bueno, o lo sería de no ser por…

La traducción.

Es horrible. Principalmente, porque es una traducción mexicana (a día de hoy no existe otra edición alternativa) que utiliza la jerga juvenil mexicana, con expresiones que, si bien por lo general son comprensibles, resultan de lo más chocante, impidiendo al lector castellano-parlante poder “introducirse” de verdad en el libro. El lenguaje es tan atípico, y hasta cómico para lo que estamos acostumbrados, que impide al lector español “sumergirse” adecuadamente en el texto.

Pero esto sería disculpable (supongo que a un mexicano le ocurriría lo contrario si leyera una traducción que usara la jerga juvenil española), lo que no lo son en absoluto son los errores de traducción. No es la primera vez que me ocurre, pero no puedo entenderlo: ¿quién contrata a traductores que no conocen mínimamente el idioma inglés, y que cometen errores de parvulario en la traducción? ¿Cómo se puede traducir la típica coletilla “I’m afraid” (“me temo”) por un “tengo miedo”? Por favor, editores, un poquito más de cuidado al elegir al traductor de turno; seguro que los hay igual de baratos que al menos saben algo de inglés, más allá del “my taylor is rich”. Entre los 5 millones de parados, muchos de ellos con carrera, que tenemos hoy en España, seguro que los hay a millares para elegir.

24 de junio de 2014

Cita de hoy

He leído poco a Faulkner, pero la conclusión que he sacado es que es (aparte de difícil de leer) chocante: combina un texto simple y directo en su mayor parte con la inserción de breves fragmentos de un lirismo extremo. Lo siguiente es un ejemplo que me pareció bellísimo, aunque bastante barroco:

En el pabellón, una banda con el uniforme azul verdoso del ejército interpretaba Massenet, Scriabine y Berlioz, convirtiéndolos en una delgada capa de Chaikovski torturado sobre una rebanada de pan correoso, mientras el crepúsculo se disolvía en húmedos reflejos que caían desde las ramas sobre el pabellón y los sombríos hongos de los paraguas.


Faulkner - Santuario

20 de junio de 2014

[Libros] Si te dicen que caí – Juan Marsé (1973)

Uno de los clásicos contemporáneos de la literatura española. Tras leerlo, comprendo que figure dentro de este selecto grupo: su calidad es innegable. Pero su complejidad, también. No es un libro fácil. Pero merece la pena leerse.

Sinopsis:
Escrita a finales de los años sesenta y prohibida por la censura, Si te dicen que caí constituye una secreta y nostálgica despedida de la infancia, así como un cuadro a la vez sórdido y poético de la vida durante el franquismo. Se trata además de una de las novelas más personales del autor, pues, según el propio Marsé, al escribirla solo pensaba en los anónimos vecinos de un barrio pobre que no existe en Barcelona, en los furiosos muchachos que compartieron con él las calles leprosas y los juegos atroces, el miedo, el hambre y el frío, en su propia infancia y adolescencia.

Crítica personal: Retrato de la podredumbre de la postguerra
Si te dicen que caí es una novela compleja, difícil de leer, difícil de seguir y de entender. Su estilo, que calificaría de “faulkneriano”, por su semejanza en cuanto a estructura con la compleja obra del norteamericano, no hace ninguna concesión al lector, todo lo contrario: el esfuerzo requerido para poder seguir medianamente el texto es más que considerable. Personalmente debo reconocer que no he llegado a entender la totalidad del libro, que una vez terminado sigo perdido en relación a numerosos detalles de la trama; de hecho, creo que es un libro que requiere de al menos dos lecturas: estoy seguro de que en la segunda se entenderán mejor muchos detalles de una historia que se va desenredando poco a poco hacia el final del libro (sin llegar a hacerlo por completo), de forma que la relectura resultará seguramente mucho más reveladora. Pero en el fondo no importa, creo yo: para mí, la trama es en realidad lo de menos. Lo realmente valioso de este libro es el vívido retrato de una sociedad y de una época. Los años del hambre. Los años del miedo. Años de miseria, hambre, frío, resentimiento, abusos de poder y sometimiento. La oscura postguerra española.

Juan Marsé vuelca en el texto los recuerdos de su infancia, que vivió como uno de los niños protagonistas de su obra: un niño de la calle, sucio y hambriento, jugando por las esquinas de las calles embarradas, por los descampados aún repletos de munición olvidada, con lo único que tenían: su imaginación. “Es una novela, hasta cierto punto, autobiográfica, porque todo lo que tiene que ver con mi infancia está en ella”, cuenta el autor en una entrevista que enlazo al final de esta reseña.

El texto aparece salpicado de historias en apariencia inconexas, siendo a veces más bien una recopilación de las miserias personales de cada uno, de diferentes anécdotas o de instantáneas cotidianas de la vida de aquellos días. El día a día de los verdaderos perdedores de la guerra: el pueblo llano. Una historia de la miseria en un barrio de las afueras de Barcelona en los años 40. Niños harapientos, con sarna y fantaseando con un bocadillo… jóvenes metidas a putas para comer o por pura desesperanza… familias con alguno de sus miembros en la cárcel o escondido en un zulo para evitar acabar en ella… excombatientes republicanos convertidos poco a poco en meros delincuentes comunes… y por encima, vigilando a todos, los nuevos amos.

Las tramas se cruzan, así como las épocas: algunos de esos niños de la calle recuerdan, años después, lo que ocurrió. Pero no sólo sus memorias mezclan realidad y fantasía, hechos y rumores, sino que ni siquiera tenemos muy claro quién es quién: no se presenta a los personajes, y quienes de niños sólo se conocen por sus apodos (el Tetas, el Amén, Java o Sarnita) se convierten, sin introducción alguna, en adultos con nombre propio. La historia principal, por su parte, es una reconstrucción mezcla de hechos conocidos con rumores escuchados aquí y allá,  o incluso con invenciones propias de la imaginación infantil. La realidad y la ficción tienen fronteras difusas… pero en el fondo da igual, pues cualquier versión de la historia es realista, cualquiera de ellas pudo haber sido, en aquella España de miedo, hambre y miseria.

Un libro complejo, pero muy recomendable. Y también lo es leer esta entrevista a Juan Marsé, en la que aclara muchas de las claves de la novela, y en la que revela cómo un gran número de detalles están basados en su propia infancia.

En resumen: un buen libro, una gran novela negra con todas las letras (la negrura era la identidad de la época), pero un libro exigente con el lector. Aunque el esfuerzo se ve recompensado.

13 de junio de 2014

Cita de hoy

La emigración a Australia no fue precisamente política, sino más bien económica, aunque me digas que eso significa que es indirectamente política. Y es cierto, pero por lo general los emigrados económicos no tienen conciencia de esa relación.

Primavera con una esquina rota – Mario Benedetti

10 de junio de 2014

[Libros] La cena – Herman Koch (2008)

Sinopsis:
¿Hasta dónde es capaz de llegar un padre para encubrir a un hijo que comete un delito injustificable? ¿Debe prevalecer el instinto de protección paterna o la lealtad a unas normas sociales que garantizan la coherencia y la fortaleza del grupo? Estas y otras preguntas de igual calibre surgen como dardos durante la lectura de La cena, del escritor holandés Herman Koch, una novela ácida y provocadora que apunta sin miramientos a toda una clase social acomodada de los Países Bajos, y por extensión, de toda Europa, instalada en una inercia de autosatisfacción y complacencia e indiferente hacia el devenir de la generación que ha de sucederle.
Dos parejas se han citado a cenar en un moderno y exclusivo restaurante de Ámsterdam. Mientras saborean el aperitivo y charlan con aparente despreocupación sobre la última película de moda o sus planes para las vacaciones, son conscientes de que, tarde o temprano, deberán abordar el incierto y acuciante tema que los ha llevado a reunirse: el futuro de Michel y Rick, sus hijos de quince años que, según algunos indicios, podrían estar envueltos en un caso de violencia grave. Así pues, tras los postres, cuando la cena llegue a sus últimos compases, la tensión entre los comensales habrá alcanzado su punto culminante y la cadena de secretos y revelaciones confluirán en un final dramático en el que nadie podrá esgrimir su inocencia.

Tras cosechar un éxito inmediato y arrollador en su país —copó las listas de bestsellers, y ya ha vendido más de 340 mil ejemplares—, La cena ganó el Premio del Público y fue declarado Libro del Año 2009.

Crítica: Luces y sombras
El autor se ha basado en hechos reales (el asesinato de un indigente en Barcelona, cuando unos gamberros lo rociaron de gasolina y lo prendieron fuego) para idear su historia, sobre las reacciones de los padres cuando descubren lo que han hecho sus hijos, y aprovechando para realizar una dura autocrítica de nuestra sociedad.

El libro empezó gustándome, pero a partir de la mitad se fue desinflando poco a poco. Para mi gusto, el autor no ha llegado a aprovechar completamente un buen planteamiento inicial; no se introduce adecuadamente en los personajes, y eso es lo que le hace perder fuerza en su segunda mitad. Sus motivaciones, sus psicologías, que tanto juego podrían haber dado, se quedan totalmente en la superficie.

Para mi gusto, un bluff, mucho ruido y pocas nueces, un éxito de ventas con más marketing que otra cosa detrás, como sucede demasiado a menudo. Se deja leer, pero me ha decepcionado; no porque no esté bien, sino porque podía haber dado para bastante más.