14 de septiembre de 2014

Cita de hoy

Jasper Gwyn me enseñó que no somos personajes, somos historias, dijo Rebecca. Nos quedamos parados en la idea de ser un personaje empeñado en quién sabe qué aventura, aunque sea sencillísima, pero lo que tendríamos que entender es que nosotros somos toda la historia, no sólo ese personaje. Somos el bosque por donde camina, el malo que lo incordia, el barullo que hay alrededor, toda la gente que pasa, el color de las cosas, los ruidos.

Somos un montón de cosas, y todas ellas juntas.

Alessandro Baricco - Mr Gwyn

2 de septiembre de 2014

[Libro] El dios de las pequeñas cosas – Arundhati Roy (1997)

Nada más empezar a leer este libro, su calidad literaria se nota, se paladea. Sin embargo, en los primeros días de su lectura me dio una impresión como de que no había elegido el momento adecuado: el libro estaba muy bien escrito, pero no terminaba de seducirme. Muy “peluche”, muy “bonito”, entrañable, pero quizás no lo más adecuado para las tardes veraniegas…
Qué equivocado estaba. Tuve que llegar casi hasta la mitad (tampoco es muy largo) para sentirme ya atrapado dentro de su lectura, pero a partir de ahí caí totalmente rendido a sus pies. ¡Qué maravilla de libro! ¡Qué forma de escribir la de esta mujer, y qué maravillosa pequeña-gran historia la que nos cuenta en estas páginas! Uno de los mejores libros que he leído en los últimos tiempos, sin ninguna duda. Y uno de los pocos que bien merece una relectura.

Sinopsis:
Ésta es la historia de tres generaciones de una familia de la región de Kerala, en el sur de la India, que se desperdiga por el mundo y se reencuentra en su tierra natal. Una historia que es muchas historias. La de la niña inglesa Sophie Mol que se ahogó en un río y cuya muerte accidental marcó para siempre las vidas de quienes se vieron implicados. La de dos gemelos Estha y Rahel que vivieron veintitrés años separados. La de Ammu, la madre de los gemelos, y sus furtivos amores adúlteros. La del hermano de Ammu, marxista educado en Oxford y divorciado de una mujer inglesa. La de los abuelos, que en su juventud cultivaron la entomología y las pasiones prohibidas. Ésta es la historia de una familia que vive en unos tiempos convulsos en los que todo puede cambiar en un día y en un país cuyas esencias parecen eternas. Esta apasionante saga familiar es un gozoso festín literario en el que se entremezclan el amor y la muerte, las pasiones que rompen tabúes y los deseos inalcanzables, la lucha por la justicia y el dolor causado por la pérdida de la inocencia, el peso del pasado y las aristas del presente.

Crítica personal: Un peluche con una bomba de relojería escondida dentro
“Llovía el día en que Rahel regresó a Ayemenem. Hilos de plata inclinados se incrustaban en la blanda tierra y la levantaban como si fueran balas de fusil.”

Cuando uno se encuentra una frase como ésta ya en la primera página, ya sabe que no va a leer a un autor cualquiera. La calidad del texto se respira en cada párrafo, en cada frase de un texto que por momentos es casi pura poesía. Con esa difícil cualidad de resultar bello sin parecer forzado o empalagoso. Sin empachar, en sus dosis justas. Notamos rápidamente que estamos ante la obra de una gran escritora.

El texto nos introduce a una familia de clase media de la India rural, en el estado sudoccidental de Kerala, entre finales de los años 60 y principios de los 70. Se nos presenta la historia de la familia, del reverendo John Ipe, “el pequeño bendecido”, ya que de niño recibió la bendición del Patriarca de Antioquía; de “Pappachi” (“abuelo”), el Entomólogo Imperial, casado con “Mammachi” (“abuela”), la fundadora de la empresa familiar, “Encurtidos y Conservas Paraíso”; de la bajita cocinera “Kochu” (“pequeña”) María, adicta al “pressing catch” vía satélite; o de la hermana de Pappachi, “Bebé” Kochamma, la que se enamoró de un cura y se metió a monja para estar más cerca de él. También la de Ammu, la madre divorciada de Estha y Rahel, los gemelos heterocigóticos. O la de Chacko, el tío de los gemelos, que estudió en Oxford y se casó con una inglesa, al que le gusta presumir de usar traje y corbata. O la de la pequeña Sophie “Mol” (“niña”), la “Querida de Antemano”, con sus pantalones acampanados y su bolsito made-in-England. Y la del intocable Velutha, el inteligente carpintero que podría ser ingeniero si no hubiese nacido paravan… Todos ellos acompañados por el camarada K.N.M. Pîllai, líder comunista local, o el inspector Thomas Mathew, que da golpecitos con su bastón como quien escoge mangos…

Un relato que se desarrolla inmerso en un paisaje tan evocadoramente presentado por Arundhati Roy, que nos parece estar viviéndolo. El río que pasa junto a las casas, la tierra naranja, las mariposas, las hormigas, los niños jugando, “un alechuza”… Las descripciones no sólo son de una belleza literaria como pocas veces se encuentra, sino que además consiguen recrear perfectamente imágenes en la mente del lector. Imágenes de una India rural que en el fondo no difieren demasiado de lo que era la España rural de la misma época. Distinto color de piel, distintos vestidos… pero también con muchos puntos en común en cuanto al paisaje o la forma de vida. Casi como un “cuéntame cómo pasó” made-in-Kerala.

Sí, todo muy bonito, muy entrañable, muy agradable de leer, muy bien escrito… ¿una novela de tipo costumbrista, agradable y literariamente bella? Eso parece… aunque poco a poco el texto deja entrever que hay algo más. Algún secreto. Algún trauma. Algún drama familiar. A medida que leemos, vamos intuyendo que algo pasó, aunque no sabemos bien qué o cómo. A las pocas páginas del comienzo, se nos habla del entierro de la niña Sophie Mol, pero tiene que haber algo más, aunque no sabemos qué…

Y no lo sabemos porque ésta es una de esas novelas “tipo puzle”, como yo las llamo. De esas que saltan entre el pasado y el presente, o que nos van presentando escenas del pasado a trozos y sin orden cronológico. Al principio, unido al uso de algunas palabras en lengua malayalam (pappachi, mammachi, kochu, mon, mol, kochamma…) resulta confuso, pero poco a poco vamos atando hilos. Entre breves escenas del presente salpicadas aquí y allá, el relato del pasado avanza en espiral, dando vueltas a la historia, volviendo una y otra vez a determinadas escenas, aportando cada vez algo más de información de lo que pasó. Una técnica literaria en absoluto novedosa, pero que, a mi parecer, una vez más esta autora la borda.

Pero es que hay más, mucho más. A la pura técnica bien dominada, y al lenguaje poético y bien elegido, hay que sumarle algo que termina de poner la guinda a un estilo literario que, a mí al menos, me ha enamorado: el narrador de visión infantil. Un narrador clásico, del tipo omnisciente y en tercera persona (disculpadme los tecnicismos) pero que automáticamente adquiere alma de niño cuando relata todo lo relativo a la infancia de Estha y Rahel. La magia y la ingenuidad infantiles se apoderan entonces del relato de una forma que no me siento capaz de describir: hay que leerlo. A todo ello, sumémosle una fina ironía, una ácida aunque sutil crítica, continuos toques de humor y mucha, mucha inteligencia… Y tendremos eso, un texto que enamora. ¡¡¿Por qué esta mujer no ha escrito más libros….?!!

Vale –pensaréis–, muy bonito, muy bien escrito, muy mono... ¿Y eso es todo? Menudo coñazo”. Reconozco que al principio me pasaba igual: no llegaba a pensar lo de “menudo coñazo”, porque no lo es en ningún instante, pero los primeros días me pareció que no era el libro que andaba buscando para este momento, que era muy “mono” y muy bien escrito pero poco más… Sí, un libro-peluche. Lo que no sabía era que el peluche tenía una bomba de relojería en su interior.

El tic-tac empieza a oírse hacia la mitad del libro. En realidad, luego te das cuenta de que se oye desde el principio, pero en esos momentos estás demasiado despistado para distinguirlo del ruido de fondo. Hacia la mitad del texto ya estás metido en la historia, ya conoces a los personajes, ya te interesa lo que ocurra incluso aunque no ocurra “nada”… y entonces es cuando ocurre. O cuando vas descubriendo lo que ocurrió. Y el libro te agarra, te zarandea, te estruja, te da dos buenos tortazos y te tira al suelo como un guiñapo. La bomba estalla. Y el corazón se te encoje.

No esperéis un gran misterio, o una gran historia. O sí. Depende. Porque ésta es una pequeña-gran historia. Pequeña, pero con mucho fondo. Con mucha humanidad. Con mucha más mala leche de lo que aparenta. Porque Arundhati Roy puede ser dulce, pero también dura. Porque su posterior faceta de activista política, de luchadora por la igualdad de la mujer o defensora de los derechos humanos, está también en el texto. A través de una ácida crítica social envuelta en terciopelo.

Un libro maravilloso. Una gran obra literaria, tanto en el fondo como en la forma. Una delicia para paladear. Un libro que no se olvida. Aunque cueste un poco entrar en él. Pero el esfuerzo se ve recompensado con creces. Probablemente, uno de los mejores libros que he leído. Aunque sólo trate sobre pequeñas cosas.

28 de agosto de 2014

El helado que no se derrite

Supongo que muchos ya sabéis que mi mujer es aficionada a los helados caseros y que tiene un blog y un libro sobre este tema, y sobre toda la teoría del helado. Pues bien, en relación con esto, hace poco me pasó un vídeo que había visto sobre un helado americano que tardaba más de una hora en derretirse tras dejarse expuesto al sol. Un fenómeno que llama mucho la atención, eso está claro, pero que en realidad tiene su explicación… aunque no coincide con algunas de las que se están dando por ahí.

Éste es el vídeo en cuestión, realizado por un comprador de los supermercados Walmart sobre uno de sus helados:


Aquí vemos que, dejado el helado al sol con una temperatura ambiente de 26ºC, tarda más de una hora en empezar a derretirse.

¿A qué se debe este comportamiento? El artífice de la prueba no entra en el tema, pero lógicamente muestra su profundo escepticismo sobre la calidad de un helado que parece indestructible. Cuando el vídeo empezó a adquirir fama en los Estados Unidos, algunos medios contactaron con un profesor que dio algunas posibles claves sobre la razón de este comportamiento del helado; y eso es justamente lo que quería analizar aquí, porque no todo lo que se dijo es correcto.

26 de agosto de 2014

Cita de hoy

El ojo crítico y la fina ironía de Jane Austen, en acción. En el fondo, la gente del siglo XIX no era diferente de la del siglo XXI…

Regresaron los otros, el salón se llenó otra vez, volvieron a reclamarse y ocuparse los asientos, y se inició otra hora de placer o de penitencia: otra hora de música iba a producir deleite o bostezos, según fuera real o fingido el gusto por ella.

Jane Austen  Persuasión

22 de agosto de 2014

[Libros] Las tres bodas de Manolita – Almudena Grandes (2014)

Leer a Almudena Grandes es un acierto siempre. Sus libros se disfrutan, se paladean, y por eso, había reservado su última novela para leerla en el verano, con más tiempo para saborearlo con intensidad. Y no me ha defraudado.

Sinopsis:
En un Madrid devastado, recién salido de la guerra civil, sobrevivir es un duro oficio cotidiano. Especialmente para Manolita, una joven de dieciocho años que, con su padre y su madrastra encarcelados, y su hermano Antonio escondido en un tablao flamenco, tiene que hacerse cargo de su hermana Isabel y de otros tres más pequeños. A Antonio se le ocurrirá una manera desesperada de prolongar la resistencia en los años más terribles de la represión: utilizar unas multicopistas que nadie sabe poner en marcha para la propaganda clandestina. Y querrá que sea su hermana Manolita, la señorita Conmigo No Contéis, quien visite a un preso que puede darles la clave de su funcionamiento. Manolita no sabe que ese muchacho tímido y sin aparente atractivo va a ser en realidad un hombre determinante en su vida, y querrá visitarlo de nuevo, después de varios periplos, en el destacamento penitenciario de El Valle de los Caídos. Pero antes tiene que saber quién es el delator que merodea por el barrio.
Las tres bodas de Manolita es una emotiva historia coral sobre los años de pobreza y desolación en la inmediata posguerra, y un tapiz inolvidable de vidas y destinos, de personajes reales e imaginados. Una novela memorable sobre la red de solidaridad que tejen muchas personas, desde los artistas de un tablao flamenco hasta las mujeres que hacen cola en la cárcel para visitar a los presos, o los antiguos amigos de colegio de su hermano, para proteger a una joven con coraje.

Reseña: Una historia agridulce, pero optimista, de nuestra oscura postguerra
Almudena Grandes sigue en este libro la misma filosofía que sirvió de base para el anterior, “El lector de Julio Verne”: utilizar las memorias de personajes reales para recrear la historia de la España de la postguerra. Es decir, aunque se trata de una novela, la historia de fondo se basa en hechos reales (aunque, a menudo, reuniendo varias historias de personas diferentes en unos mismos personajes).

Sin embargo, poco a poco parece que los últimos “episodios de una guerra interminable”, que es como denomina la autora a esta serie de novelas ambientadas en la postguerra, se van alejando de la crónica histórica para hacer más hincapié en la crónica social. Si en “Inés y la Alegría” la clave estaba en contarnos la desconocida historia de la invasión del valle de Arán y del partico comunista en el exilio (esta parte era tediosa, y lastraba bastante al libro, desde mi punto de vista), en “El lector de Julio Verne” el relato se hizo ya mucho más intimista, y el relato histórico quedó reducido más bien al entorno de fondo, a los maquis que operaban en las montañas donde vivía el niño protagonista del relato.

En este tercer episodio, es la vida de Manolita, su familia y sus amigos, lo que centra el mensaje del libro. No hay ya un episodio histórico concreto que contar, aunque sí, por supuesto, una crónica social de la época. Porque el libro, aparte de una historia de supervivencia, de coraje, de amor y de optimismo vital pese a las adversidades, es una magnífica crónica de la España de la postguerra. Una España de hambre, miseria y miedo, de represión y lucha a muerte por salir adelante. Todo ello de la mano de la magnífica pluma de Almudena Grandes, y visto a través de los ojos de una muchacha que, de repente, se encuentra sola en el Madrid del hambre, con cuatro hermanos a los que alimentar.

Y esa es la novela, la historia de una joven corriente que debe aprender a luchar por sobrevivir en una sociedad hostil… pero en la que también hay sitio para una gran solidaridad. La historia de los que perdieron la guerra, que no fueron sólo los ciudadanos de ideales progresistas y democráticos, sino, ante todo, el pueblo llano, una amplia clase media que en buena medida se encontró de repente en la indigencia, especialmente si el cabeza de familia había tenido la desgracia de luchar en el lado equivocado.

Por supuesto, a lo largo del relato no sólo viviremos la vida de aquellos difíciles tiempos, sino que iremos descubriendo detalles sobre los procesos sumarísimos a los combatientes republicanos, las cárceles masificadas, el mercado negro, los chaqueteros que pasaban del socialismo a levantar el brazo y perseguir a sus antiguos compañeros… Aunque quizás el detalle más doloroso y vergonzoso, por ser el más desconocido, es la denuncia de uno más de los crímenes cometidos por la Iglesia española durante aquella época (junto con el robo de recién nacidos, la pederastia…): el régimen de esclavitud en el que algunas instituciones religiosas mantuvieron a centenares de niños por el mero hecho de ser “hijos de rojos”. Hechos probados y denunciados por los supervivientes, aunque, como tanto ha pasado en este país con nuestro pasado, silenciado y ocultado con el resto de basura debajo de la alfombra. El relato de la hermana de Manolita, prácticamente secuestrada y esclavizada por una orden religiosa de Bilbao junto con otros centenares de adolescentes, es lo que más me ha conmovido de todo el libro, probablemente porque desconocía estos hechos.

Pese a todo, ésta es, como decía antes, una historia básicamente de supervivencia, de salir adelante, de lucha y coraje. Y de amor, de amor frustrado, casi imposible, entre la muchacha de vida difícil que lucha por salir adelante y su novio en la cárcel, con la incertidumbre de si le quedan por delante décadas de encierro… o un paredón a corto plazo. Y, sin embargo, una historia casi optimista, vital, repleta de amistad, solidaridad y momentos de humor. Otra gran novela de una gran escritora.


Nota final: A no perderse también el apéndice histórico, en el que se revelan las claves, las conexiones entre la novela y los hechos. En especial, la asombrosa y repugnante historia del comisario Roberto Conesa, “el Orejas”, el líder de las juventudes socialistas reconvertido en máximo represor franquista, colaborador de la Gestapo, torturador implacable, artífice del asesinato de “las trece rosas”, maestro de “Billy el niño”… y protagonista de oscuros hechos durante la transición (¿la mano negra detrás de los GRAPO? ¿el organizador de los secuestros de Oriol y Villaescusa, “milagrosamente” resueltos por él mismo? ¿la herramienta de la ultraderecha para intentar desestabilizar el proceso democrático?),un  torturador que fue condecorado ya en plena democracia… Aunque se trata de una lectura totalmente independiente de la novela en sí, leer el apéndice histórico sobre este repugnante sujeto es realmente apasionante.

Cita de hoy

Las Grandes Historias son aquellas que ya se han oído y se quiere oír otra vez. Aquellas a las que se puede entrar por cualquier puerta y habitar en ellas cómodamente. No engañan con emociones o finales falsos. No sorprenden con imprevistos. Son tan conocidas como la casa en la que se vive. O el olor de la piel del ser amado. Sabemos cómo acaban y, sin embargo, las escuchamos como si no lo supiéramos. Del mismo modo que, aun sabiendo que un día moriremos, vivimos como si fuéramos inmortales. En las Grandes Historias sabemos quién vive, quién muere, quién encuentra el amor y quién no. Y, aun así, queremos volver a saberlo.


El Dios de las Pequeñas Cosas – Arundhati Roy

18 de agosto de 2014

[Libros] El jilguero – Donna Tartt (2013)

Ya sabéis que no soy demasiado amigo de lanzarme a leer las últimas novedades editoriales, pero en este caso debo agradecer a la tremenda publicidad que ha rodeado a este libro el hecho de que me diera la oportunidad de conocerlo. Tras leer diferentes reseñas y entrevistas a la autora en la prensa, y animado por los positivos comentarios que veía por todas partes, decidí probar. Y debo decir que no me arrepiento. En absoluto.

Sinopsis:
Si aquella mañana no hubiera llovido, si Theodore y su madre hubieran llevado un buen paraguas, si, si, si… quizá no hubieran buscado refugio de una tormenta en el museo Metropolitan de Nueva York. Allí estaban, contemplando una exposición de maestros de la época dorada del arte holandés, cuando de pronto estalló una bomba y Theodore se encontró de repente solo y rodeado de un montón de escombros. Buscando la salida, el chico, que acaba de cumplir trece años, se topa con un visitante que estaba minutos antes contemplando la misma exposición acompañado de una chiquilla hermosa. El hombre muere delante de los ojos de Theodore, pero antes le entrega un anillo, pidiendo que lo devuelva a un tal Hobie, dueño de una tienda de antigüedades. Theo abandona el museo, llevando consigo el anillo y algo más...

Crítica personal: Un gran libro
Grande, sí. No hay más que verlo de canto, si tienes una edición en papel: la española alcanza casi las 1200 páginas. Como para pensárselo bien antes de meterse con él ¿verdad? Hay que tener en cuenta que su lectura equivale a 3 ó 4 libros normales (personalmente, por debajo de las 300 páginas me parecen más bien cortos, aunque esto siempre es subjetivo), así que conviene estar mentalmente concienciado de dónde te vas a meter antes de hacerlo…

Un gran libro también en el sentido metafórico de la palabra, pero, como suele ser habitual en estos casos, creo que no es un libro apto para todos los públicos. Pese a lo que insinúa la sinopsis y muchas de las reseñas que se ven por ahí, no se trata de un libro de intriga, o policiaco, o de acción… incluso aunque contenga también a ratos todos estos elementos, se trata de una novela pausada que carga las tintas en los personajes y en su vida interior. A ojo, podríamos decir que el libro es un 80% de drama y un 20% de thriller. Así que el que busque esto último, va a quedar muy decepcionado. Así, no hay que extrañarse de ver comentarios como que le sobran casi todas las páginas, que es demasiado pesado, que se tira más de medio libro sin que pase nada (falso; otra cosa es que para determinados lectores sólo pase algo cuando hay tiros…), etc, etc. Está claro, si a xxxx (introducir cualquier escritor de bestsellers de garrafón; había puesto uno, pero no quiero ofender) le dan el argumento de este libro, lo hubiera liquidado en 150 páginas. Pero yo me aparté de xxxx después de leer un solo libro. En cambio, con Donna Tartt repetiré seguro.

El jilguero es una historia de personajes, personajes profundos y complejos, algunos entrañables, otros más desagradables, y muchos, la mayoría (si no todos) con esa dualidad tan humana que te hace quererlos y odiarlos por igual. Personajes grises, ni blancos ni negros, ni buenos ni malos, pero profundamente humanos y creíbles. Los personajes, todos ellos, son lo mejor del libro.

¿De qué va El jilguero? La sinopsis nos desvela el principio: un atentado, una explosión, un niño superviviente y algo de misterio… El título, la portada y los múltiples artículos aparecidos en la prensa nos indican que también hay un cuadro famoso de por medio… Sí, todo es cierto. Pero en conjunto todo esto no supone más de una cuarta parte del libro, repartida casi íntegramente entre lo que podríamos llamar una larga introducción y un largo epílogo. El resto es, básicamente, la vida del protagonista, Theo, a lo largo de unos 20 años (con un gran salto temporal de por medio). Una vida intensa y complicada, que, junto con los personajes con los que se va cruzando (también controvertidos, complicados), es lo que verdaderamente da alma a esta historia.

A lo largo de sus muchas páginas, nos moveremos por multitud de ambientes y distintas personalidades: alta sociedad, delincuencia juvenil, drogas y alcohol, amor y amistad, juego y crimen organizado… Hay un poco de todo en esta novela, y a menudo, entremezclado, con fronteras difusas entre el bien y el mal, entre lo correcto y lo incorrecto. Como decía más arriba, casi todo es ambivalente, casi todo es gris, con su lado bueno y su lado malo… La vida es complicada. Las personas, también.

Sobre el estilo de la autora, indicar que es de lenguaje sencillo pero pausado, muy descriptivo, tremendamente descriptivo. Tanto, que comprendo que para algunos lectores pueda llegar a resultar exasperante, pero que por otra parte te permite meterte realmente en los personajes y en sus vivencias. Quizás en las últimas páginas del libro la autora se acerque un poco al exceso, con decenas de páginas que parecen dar vueltas una y otra vez alrededor de reflexiones “de filosofía vital barata” y de pensamientos inconexos; fueron páginas que reconozco que se me llegaron a hacer algo tediosas, pero que al mismo tiempo consiguen identificarte con la situación que vive el protagonista en esos momentos (no debo dar más pistas, o sería un spoiler). Creo que Donna Tartt hace un buen trabajo, escribe francamente bien aunque se mantenga haciendo equilibrios en la frontera entre el “estilo bestseller” y la “buena literatura”. Claro que, justamente esto, no será del agrado de todo el mundo.

En resumen, un buen libro, desde mi punto de vista, un relato complejo y escrito con inteligencia que se lee con fluidez y que se disfruta sobre todo por sus fantásticos personajes. Personajes que podrán gustar o no, pero que tienen alma, todos ellos: Theo, Pippa, Hobey, Boris, Andy… incluso Xandra, la señora Barbour, el padre de Theo y hasta los porteros de la casa de Theo… Un amplio ejemplo de diferentes personalidades, estatus social y formas de vida, y de las grandezas y las vilezas del ser humano, a menudo mezcladas dentro de una misma persona.