23 de abril de 2013

Un par de reflexiones: sobre independentismo y “totalitarismo democrático”


Hace unos meses, en plena efervescencia del debate independentista en Cataluña, Jordi Évole, presentador del magnífico programa "Salvados”, de La Sexta (dedicado a entrevistas y reportajes de actualidad), entrevistó al presidente catalán Artur Mas. Tras esa entrevista, publicó también un artículo de opiniónen El Periódico de Catalunya, que he descubierto por casualidad hoy. El artículo no tiene desperdicio, y lo suscribo al cien por cien; de hecho, en su fondo coincide bastante de pleno con mi opinión sobre el tema, que escribí aquí hace algunos meses. Os dejo algunos de los párrafos que me han parecido más destacables:

Mas me ha parecido un apostante que sabe que lo que hace no tiene pérdida. Como la banca de un casino: siempre gana.
•Si impiden la consulta, gana él porque nadie podrá demostrar que los catalanes no querían la independencia.
•Si hay consulta y la gana, el premio para él otra vez.
•Si gana la consulta pero se impide la independencia, los malos serán los otros. Gana de nuevo.
•Si hay consulta, gana y logra la independencia, pleno.
•Y si hay consulta y pierde, pasará a la historia por ser el presidente autonómico que consiguió que Catalunya llevase a cabo un referendo de independencia.
Mas solo perderá si se echa para atrás y defrauda a sus votantes.
 
A mí me parece que Artur Mas prefiere pasar a la historia a que la historia le pase por encima con la crisis. He tenido la sensación de que el president ha entrado en el independentismo porque no ve salida a la crisis sin recortes, incluyendo el de su prestigio.
Se me pasó comentarle si la pregunta del referendo será si estamos dispuestos a ser independientes y pobres. No es por ser agorero, sino porque creo que los verdaderos independentistas son aquellos que incluso prefieren ser pobres a depender de Madrid. A los que pretenden la independencia para ser más ricos, en mi opinión, les interesa más la riqueza que la independencia.


Y aunque no tenga relación con esto, os dejo también otro enlace a otro artículo de opinión de Évole en el mismo periódico, en este caso una interesante reflexión sobre la sensación de impotencia ciudadana ante el poder político (o, lo que he llamado en el título, “totalitarismo democrático”).

Resulta que Bruselas puede intervenir España en cualquier momento, pero los españoles no pueden intervenir en la acción de sus gobernantes en cualquier momento. Es más, durante 4 años tampoco podrán cambiar nada los electores que voten a un partido, de derechas o de izquierdas, que arrase en las urnas y después incumpla promesas. De seguir así, siempre que haya una mayoría absoluta podemos llegar a pensar que esta democracia sigue en parvulitos.

Lo malo no es que haya mayorías absolutas, sino que no nos dejen intervenir. No se trata de que solo nos dejen opinar, sino de permitir que nuestra opinión pueda servir de algo más que el simple pataleo. Porque hay cosas que no entiendo. ¿Para qué queremos iniciativas legislativas populares si la última palabra la tiene el partido de la mayoría absoluta? Para que no tengamos la sensación de que nuestros representantes se representan a sí mismos, mejor tener voz y voto pero no por separado. En época electoral, hablan ellos y votamos todos. Sin embargo, durante 4 años, cuando hablamos nosotros, y protestamos, tan solo votan ellos. Y su voto es el que va a misa, nunca mejor dicho.

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