10 de septiembre de 2012

Puesta en contexto: mi Kindle y yo


(Oh, qué bonito… mi Kindle y yo… qué tierno…)
Hace dos años, yo era un poco escéptico con esto del libro electrónico; supongo que tenía las dudas típicas del que no lo ha probado: ¿cómo sería eso de leer en una pantalla? ¿de no tener el papel entre las manos, de no sentir las hojas al pasar, de no posar tus ojos sobre la tinta impresa en el papel…? (mejor me dejo de poesía, no es lo mío…) Y aparte de eso, la duda fundamental: ¿y qué se puede leer en un trasto de esos? Porque hace dos años, oferta de libros electrónicos modernos en castellano había poca, muy poca; y leer los clásicos está bien un rato, pero Góngora, Quevedo y Cervantes, por buenos que sean, a mí me terminan cansando (uno es así). Sí, sabía que en “la oferta alternativa” había cosas, pero ¿tanto como para justificar la compra? (hace dos años un cacharro de estos aún costaba una pasta… unos 300 euracos…)
El caso es que, aunque aún muy minoritarios, estos cacharros comenzaban un lento despegue. Y me planteé comprarle uno a mi mujer para su cumpleaños (lo que, dada la imaginación que tiene uno para estas cosas, me solucionaba un problema). Así que comencé a investigar…
Lo primero que vi fue que la “oferta alternativa” era mucho mejor de lo esperado. ¿Qué digo mejor? ¡Era cojonuda! (perdón, perdón… ya avisé que este blog no era apto para todos los públicos…). Vi que había centenares de libros “apetitosos” al alcance de un par de clics de ratón… (inocente de mí…. En realidad había miles…). Por ese lado, no parecía haber problema de suministro… (¿escrúpulos? Luego hablaremos de eso…)
Luego vino el buscar el cacharro. Por principios (manías…) me autoimpuse no pagar más de 200 € por un trasto de estos. Más me parecía una pasada para un aparato que no hace más que mostrar texto. Y no creáis, que en ese momento no era fácil bajar de esa frontera; de hecho, creo que en España no había ni uno…
No me enrollaré mucho, pero el caso es que justo por entonces, mientras me empapaba de modelos a la venta y datos técnicos, Amazon anunció la próxima salida de su nuevo Kindle (la tercera generación), a un precio imbatible (169 $, creo…). Y las características parecían de lo mejorcito… No me lo pensé, y en julio o agosto de 2010 me apunté en la lista de espera para recibir uno de los primeros cuando saliera a la venta (el 27 de agosto; el cumple de mi mujer es en septiembre). Con su fundita y todo me salía puesto en casa por 180€. Un chollo en ese momento…
Me llegó el libro, se lo regalé a mi mujer… y se me empezó a caer la baba. Era una gozada: se leía como el papel, no pesaba nada, no ocupaba, y tenía toda una biblioteca a mi disposición. Total, que en Reyes yo ya tenía otro (¡y la espera se me hizo eterna…!).
Desde entonces, no he parado de leer. De hecho, creo que fue una de las razones por las que fui abandonando el blog. Siempre me había gustado la lectura, pero desde la época del instituto no había leído tanto. El hecho de tener miles de libros disponibles hacía que no parase de tener títulos atractivos pendientes. Y el hecho de empezar a frecuentar foros de lectura y demás (en el proceso de búsqueda de los libros) hizo que cada vez aumentase más mi lista de espera, por las recomendaciones que iba leyendo aquí y allá. Antes, después de cenar mi mujer y yo solíamos ver alguna serie o alguna película; desde que tuvimos el Kindle, casi siempre leíamos.
¿Qué ha cambiado? ¿Es porque ahora los libros son “gratis”? En absoluto. Siempre he sido un buen lector, pero la verdad es que nunca he sido un gran comprador de libros; siempre he comprado lo que me apetecía conservar por alguna razón, pero nunca había encontrado mucho sentido a llenar la casa de papel que leía una vez y arrinconaba por años. Los libros de entretenimiento, quizás el 90% de mis lecturas ajenas al trabajo, siempre los he sacado de la biblioteca, de la que habitualmente he sido un buen “cliente”. Pero ahora tenía la biblioteca en casa. Miento: en poco tiempo tenía en casa más títulos que en la biblioteca de mi barrio. Y sin tener que desplazarme del sillón. Parece una tontería, pero eso marcó la diferencia.
Mi nivel de lectura se disparó. Y me culturicé: por alguna razón, disponer de grandes obras maestras entre esos miles de títulos me animó a leer por ejemplo a Dostoievskiy, con quien nunca me había atrevido. O a intercalar libros de historia o ensayo, que no sólo de novela vive el hombre. Por supuesto, todo aderezado con novelillas más ligeras… Pero la verdad es que lo de “tenerlo todo” te anima a querer “leerlo todo”. Es un vicio.
Por eso no tengo remordimientos. ¿Que me bajo los libros de internet? Sí. Y antes los sacaba de la biblioteca. No pagaba antes, y no pago ahora, salvo excepciones (alguno sigo comprando, igual que antes). Es más, incluso estaría dispuesto a pagar una tarifa plana por tener acceso a una biblioteca online, aunque la biblioteca física era gratis. Pero por ahora nadie se ha decidido a hacer algo así en nuestro país (en USA sí; allí se pueden sacar libros electrónicos de las bibliotecas públicas, o leértelos de Amazon con una asequible tarifa plana que incluye películas). Ellos se lo pierden.
Sé que todo esto es problemático… Yo he sido autorde 5 libros, aunque nunca haya vivido de ello, así que algo conozco el tema. Sé que sin remunerar a los autores, los libros pueden acabarse (no del todo, los noveles siempre estarán dispuestos a publicar gratis; pero ese “ansia” luego se pasa, justo cuando aprendes a hacerlo…). El tema es complicado. Pero yo no me siento culpable; para mí, simplemente ahora tengo acceso a la biblioteca desde casa. Si se hubieran espabilado para hacerlo bien (que de verdad yo accediera a una biblioteca online), Cedro pagaría una cantidad a cada autor cada vez que leo un libro suyo, como pasa con las bibliotecas físicas… Pero en fin, este tema daría para mucho debate y el caso es que esta entrada no iba de eso.
Va de que ahora leo mucho más. Y muy variado. Y en este blog iré colgando reseñas de lo que voy leyendo (no necesariamente de todo, pero sí al menos de lo que más me impacte, por lo bueno o por lo malo). Supongo que al principio quizás colgaré bastantes de estas reseñas seguidas, porque iré rescatando las que he ido poniendo aquí y allá (en foros y demás sitios) a lo largo de estos dos últimos años. Mientras me dure el entusiasmo con el Kindle y mi biblioteca en casa (y tras dos años, aún me dura), creo que la crítica literaria de andar por casa ocupará una buena porción de este blog. Que ustedes lo disfruten (o lo sufran…)

Aclaración: Todo es matizable… cuando digo que leo mucho, y después me comparo con lectores compulsivos, resulta que leo poquísimo… Para vuestra información, mi media actual desde que tengo el Kindle es de algo menos de un libro por semana, unos 40 al año. Para algunos es muy poco… pero el tiempo libre no me da para más, ¡ya quisiera!

2 comentarios:

  1. Ya me gustaría a mí, el poder leer un libro a la semana. Mis guarismos son mucho más pobres, eso sí, procuro compensar y ya que leo poco, leer muy bien y lecturas muy seleccionadas...

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  2. Leo en Kindle desde el pasado mes de mayo, fecha en que me compre dicho lector. Uno de los libros que ya me he leído en él es el tuyo, Rumbo al Cosmos, que me ha parecido una maravilla, y por lo que te felicito.

    Y me pregunto yo... ¿por qué cuesta tanto trabajo que la gente se pase a la lectura en digital? No lo comprendo, todo son ventajas, al margen de cuestiones románticas. ¡Saludos!

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