26 de julio de 2014

[Libros] Yo, Claudio – Robert Graves (1934)

Aunque ya habréis notado que tengo unos gustos literarios bastante amplios, y que de hecho me gusta variar en mis lecturas, lo cierto es que siento una cierta debilidad hacia la novela histórica y la Historia, con mayúsculas. En concreto, la historia de Roma es una de las épocas que más atractivas me resultan. Por ello, este clásico del género tenía que caer tarde o temprano.

Sinopsis:
En el díptico que integran «Yo, Claudio» y «Claudio el dios y su esposa Mesalina», la amplitud y la profundidad de los conocimientos sobre la Antigüedad clásica de Robert Graves (1895-1985) se conjugan con una prosa de enorme belleza a la que da aliento una poderosa y viva imaginación, capaz de reconstruir toda la grandeza y miseria de la Roma imperial.
Primer volumen de la supuesta «autobiografía» de este singular emperador, destinado a serlo contra sus propias inclinaciones, en «Yo, Claudio» las intrigas, la depravación, las sangrientas purgas y la crueldad de los reinados de Augusto y Tiberio, que culminaron en la locura de la etapa de Calígula, sirven de marco histórico a la trama argumental.

Crítica personal: Gran novela histórica para adictos al género
Aunque casi sea empezar por el final, explicaré el encabezamiento de esta crítica: considero que “Yo, Claudio” es una magnífica novela histórica, bien escrita, bien documentada, y de gran calidad en general; pero también creo que es un libro que podrá resultar a ratos aburrido para el lector no excesivamente afín al género. Luego daré más detalles.

Como supongo que os ocurrirá a muchos de vosotros, yo más o menos ya sabía de qué iba esto de “Yo, Claudio”. Recordaba la serie que ponían en televisión durante mi niñez, esa que veía toda España (en un tiempo en que no había ni cadenas privadas ni internet, uno veía lo que le ponían en TVE) y de la que todo el mundo hablaba. Creo que fue una pequeña revolución en su época, una serie bien hecha y “moderna”, con malos malísimos y hasta con sexo de fondo, aunque no fuera explícito. Yo era un crío y no veía la serie, supongo que estaría jugando por ahí con la tele de fondo (mis padres sí que la seguían con interés, de eso sí me acuerdo), pero es imposible no recordar al Claudio tartamudo y servil, y al loco de Calígula. Así que, más o menos, sabía de qué iba el libro, aunque por lo demás me resultase totalmente nuevo, porque realmente no seguí la serie.

El planteamiento de la novela es original, pues está redactada como si se tratase de las memorias de Tiberio Claudio Druso Nerón Germánico (y Esto-y lo-otro-y-lo-de-más-allá, como dice él mismo), escritas hacia el final de sus días en primera persona. Aunque no se trata de una autobiografía, sino más bien de la crónica de una época, remontándose a sus padres y el reinado de Octavio Augusto, y relatando todos los acontecimientos que fueron teniendo lugar durante su niñez y juventud.

En realidad, este primer volumen de una obra compuesta por dos, apenas habla del propio Claudio. El autor aparece como un personaje más bien secundario, que nos va relatando buena parte de la historia de Roma en el siglo I, y centrado principalmente en el entorno de la familia imperial. Claudio es nieto de Augusto, lo que le permite vivir en palacio, aunque todos lo consideren un pobre retrasado. Nacido con diferentes minusvalías, Claudio es cojo y tartamudo, lo que le lleva a ser despreciado por la mayor parte de su entorno, aunque interiormente es mucho más inteligente de lo que todos creen. El hecho de que nadie le otorgue la más mínima importancia le permitirá, en cierto modo, ser el testigo más privilegiado de todo lo que sucede a su alrededor.

Viviremos el final del reinado de Augusto, seguido por el de Tiberio (tío de Claudio) y posteriormente Calígula (su sobrino), describiéndonos la política y las acciones bélicas en las fronteras, pero con un especial énfasis en todo el entramado de envidias, traiciones, intrigas, sucias maniobras y asesinatos  que adquirieron especial relevancia durante la época imperial.

La novela está bien escrita y se nota documentada, pero puestos a ser críticos, destacaría una cierta falta de amenidad. El narrador (Claudio) es prácticamente omnipresente, siendo los diálogos bastante escasos, lo que resta agilidad al relato. Además, el exceso de personajes y el exceso de detalle en algunas partes resulta algo confuso para el lector, en ocasiones sin tener mayor relevancia: hay personajes que se mencionan en una o dos páginas y no vuelven a aparecer; podría haberse prescindido de ellos sin afectar al texto y ganando en agilidad, pero Graves prefiere optar por el detalle en su relato. Esta atención al detalle será valorada por el verdadero aficionado a la Historia, pero para el lector medio considero que hace el texto algo denso y confuso y falto de amenidad a ratos.

Realmente, la amenidad del texto despega con la llegada de Calígula al poder, en el último tercio del libro. Las locuras de este payaso sanguinario dan mucho juego, y a partir de aquí la novela se lee con bastante más agilidad. Este primer volumen termina justamente con la muerte de Calígula y el nombramiento de Claudio como emperador, por lo que todo parece apuntar a que, en el segundo tomo, el presunto autor del texto pasará de secundario a protagonista principal de la historia. La verdad es que uno se queda con la sensación de que el segundo tomo va a ser más ameno, aunque habrá que verlo (aún no lo he leído).

En resumen, un buen libro, sin ninguna duda, una gran novela histórica que además fue pionera en el género (¡se escribió en 1934, y hoy sigue pareciendo moderna!), pero que no es un libro que destaque por una lectura ágil y amena.  No lo califico de aburrido en absoluto, el texto fluye bien y tiene toques de ironía y humor, pero si alguien espera cierta tensión o aventuras, puede olvidarse. Es un relato histórico contado con amenidad, pero relato histórico al fin y al cabo. Si sabiendo esto os atrae, adelante: no os sentiréis defraudados.

Por cierto, que me he quedado con ganas de ver la serie. Son poquitos capítulos, y he leído por ahí que no ha acusado demasiado el paso del tiempo. Creo que la serie, con sus diálogos y la necesaria simplificación de los detalles menores, aportará ese toque de mayor amenidad del que quizás adolece algo el libro.

3 comentarios:

  1. Por si queda alguna duda, diré que la falta de diálogos se suple con la fina observación de Claudio, su ironía y descreimiento, además de que la historia de la familia ya ofrece emociones a gogó.
    La serie fue un gran éxito en su momento y desde el final de un episodio ya esperábamos ansiosos el siguiente.
    Acostumbrados al plástico, puede parecernos acartonada, pero lo que no encontraremos serán personajes de clembuterol, acción desaforada ni efectos especiales y sí, en cambio, unos actores ingleses capaces de contarte la biblia con un gesto del meñique y muy buenos guiones.
    Me encantaba el personaje de la abuela Livia, malísima, ambiciosísima, listísima, que movió los hilos de la familia y de la política romana a lo largo de varias generaciones cuando a los demás les costaba llegar a cumplir los treinta. Otro personaje que me la recuerda es la abuela Diana de Bomarzo, a quien imagino con los mismos ojos (los de la actriz Sian Phillips).
    Otro mérito de la serie fue el de arrastrarnos a leer el libro y, de paso, aficionarnos a la novela histórica.
    Lectura recomendable, sobre todo si te van las historias "de romanos" y recomendable tambien curiosear un poco en los episodios de la serie. Encontraréis actores que luego han sido muy conocidos.

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  2. Hace mucho que leí la obra. Leyendo tu reseña he recordado aspectos olvidados.
    Los autores de novela histórica, cuando saben mucho de la época que novelan pueden caer en excesos descriptivos que me parecen innecesarios. Me ocurrió con El asedio de Pérez Reverte.

    Saludos!!

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  3. Muy de acuerdo con ambos, Chari y U-topia ;-)

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